Jaén se entrega a Siloé en la primera jornada de Oleosónica

Unas 8.000 personas se dan cita en un festival que consolida su solvencia

 Jaén se entrega a Siloé en la primera jornada de Oleosónica

Foto: OLEOSÓNICA

Siloé en la primera jornada del festival

La noche del viernes fue sin duda la noche de Siloé. Los vallisoletanos se plantaron en el escenario con el público ya ganado, expectante y con todas las ganas de dejarse la voz y el alma en el concierto de una banda que con los años se ha convertido en imprescindible en las agendas festivaleras de nuestro país. Pero no fueron los únicos en hacer botar a Jaén.

La jornada la abrieron Buenos días, Hiroshima. Respondieron en su línea, llevándose de calle la simpatía de un público que sufría con gusto el calor de la tarde. El grupo sigue creciendo y puede de sobra con un gran escenario.

Las Dianas trajeron desde Granada su indie pop punk, reivindicando su hueco en el panorama musical con letras ácidas y crudas. La banda parece ir cogiendo forma, a pesar de su juventud y las sucesivas salidas de sus componentes. 



Y llegó Andreas Lutz. Más de veinticinco años sobre las tablas y O'funk'illo nunca defraudan. La banda sevillana parece no poder desengancharse de la música a un nivel de energía que no es ni medio normal. En Jaén volvieron a meterse al público en el bolsillo con sus clásicos.  Lo de Pepe Bao con la guitarra no tiene nombre.

Y luego llegaron los chicos de Siloé, que ya juegan en primera y han conseguido empujar a segunda a unas cuantas bandas españolas. No hubo una sola canción en la que el público aflojara. Porque ellos tampoco aflojan. Fito Robles mantiene la tensión del show con una fuerza natural, de esa que se tiene o no se tiene. Regaló un espectáculo que Jaén parecía esperar impaciente. Fue una noche de comunión que traspasó la barrera del front stage hasta en lo físico. Robles no quiso sentirse lejos de los del fondo y hasta allí se fue a hombros. Un baño de multitudes que supo controlar sin problemas y que la gente agradeció mientras se dejaba la voz con Todos los besos.

Hey Kid consiguieron bajar las revoluciones y dar un respiro al público sin defraudar a sus seguidores, que los siguieron hasta el segundo escenario encantados.

Y Carolina Durante sacó el punk hasta de gente que no tiene sangre en las venas. Repasó sus éxitos sin bajar la energía y sumando un trío de cuerda y un trompetista que fue lo mejor del concierto. Eso y los clásicos empujones punkarras.

Lo más mamarracho de la noche llegó con Ladilla Rusa, que sacaron al escenario dos tómbolas y un vestuario que pocos pueden sostener. Los de Montcada tiene un público fiel al que saben darle lo que pide. No faltó ni Macaulay Culkin, ni Las Grecas ni el Coche Fantástico. Allí bailó hasta el apuntador. Son divertidos, lo saben y lo explotan.

Cerró el viernes Nebulossa con un cuerpo de baile que termina de apuntalar las canciones de la eurovisiva. Los supervivientes de la noche dieron el resto al ritmo de zumba y de temas como Me pone a mil y Zorra. Cerrar un festival hay que saber hacerlo y eso fue lo que pasó.

Hoy, más. Ojalá pillar autobús, que los que había se quedaron cortos y tenían poca periodicidad, o un taxi, que tampoco es tarea fácil. El atasco está asegurado y para la vuelta ya no hay piernas.