Estilo olivar

Juan José Almagro

Reaprender

Las épocas se agotan cuando se acaban las ilusiones básicas, y en eso estamos, en el proceso de reaprender, con todas sus consecuencias, para un cambio de época

 Reaprender

Foto: EXTRA JAÉN

Juan José Almagro

Si aprender, según la RAE, es adquirir conocimiento de algo por medio de la lectura, el estudio y la experiencia, reaprender no aparece registrada de forma oficial como entrada propia en el Diccionario de la lengua española de la Real Academia, aun siendo una palabra de formación correcta mediante la unión del prefijo de repetición re- y el verbo aprender. Así, reaprender es un concepto que se utiliza, sobre todo, en el ámbito de la educación para nombrar el proceso de aprender nuevamente algo, desde una perspectiva diferente a la original. El proceso de reaprender obliga a un paso previo: desaprender los conceptos aprendidos que ya no son validos y aprender otros “ex novo”.

A propósito de la educación reaprender es un tránsito valiente y hermoso que, con sabiduría y prudencia, nos resumió y enseñó Antonio Machado por boca de su Juan de Mairena: “repensar lo pensado, desaber lo sabido y dudar de la propia duda, que es la única forma de empezar a creer en algo”. Las épocas se agotan cuando se acaban las ilusiones básicas, y en eso estamos, en el proceso de reaprender, con todas sus consecuencias, para un cambio de época con nuevos horizontes, no para continuar en el carrusel de una época de cambios que no sirven para nada.

Esta conseja de Machado, además de ayudar al proceso educativo debería servir, creo yo y dadas las circunstancias, a los políticos de toda clase y condición y no va a ser fácil, vistas las recientes experiencias de como fracasan estrepitosamente nuestros dirigentes cuando se trata de resolver cosas. Pero servidor no cede y, con Ernesto Sabato, creo firmemente que hay una manera de contribuir al cambio, y es no resignarse. En ello estamos. Humildemente, se me ocurren tres principios -que ofrezco para su discusión y análisis- para que, en su caso, puedan implantarse en nuestros sistemas educativos cuando el curso se inicie o cuando Dios quiera, porque los detalles pueden retrasar la cuestión años y años:

A.- Michael de Montaigne ya nos avisó en su “Ensayos” de la necesidad de “formar” las cabezas, no de llenarlas, un método fracasado que desafortunadamente se emplea sin cesar. Y el filósofo y sociólogo francés fallecido en mayo pasado, Edgar Morin (“La cabeza bien puesta”, 2002) nos habla de la necesidad de vincular los saberes y darles sentido, promoviendo y apoyando el ejercicio de la curiosidad, sembrando dudas sobre la propia duda, como nos decía Machado, y ayudando a los jóvenes para que sean capaces de traducir su saber en un constante ejercicio crítico y, al tiempo, de formarse, vía ejemplo, en valores: “Para que la vida tenga sabor y sentido hay un requisito imprescindible: aprender a unir el bienestar personal con el de los demás”.

B.- Hay que crear sistemas educativos honrados, adecuados y de calidad; es decir, decentes, como nos recuerda el catedrático de la Universidad de Valladolid Fernando Rey, que fuera consejero de Educación en la Comunidad de Castilla y León. El profesor Rey pedía que esos sistemas deberían garantizar la calidad y la equidad al mismo tiempo, y con la misma intensidad, “porque la calidad sin equidad es elitismo, pero un sistema educativo que careciera de calidad estaría condenado a la inutilidad. La equidad sin calidad es paternalismo”. La buena escuela, como las buenas universidades, no las hacen los “tablets” sino los buenos profesores, y deberíamos dotar su formación, un proceso que nunca se agota, con todos los medios económicos y materiales precisos de los que seamos capaces porque nos estamos jugando el futuro.

C.- Para las Universidades ha llegado también la hora del cambio: además de capacitar, de educar con decencia y de fomentar el estudio y la investigación, la Universidad tiene que ser, desde la independencia, la conciencia cívica, ética y social de los ciudadanos. En la época de la información, el conocimiento debe ser el bien central de las Universidades, la tarea heroica y hercúlea que describió Weber en “La ciencia como profesión”. Siempre ha sido y siempre va a seguir siendo difícil, pero no lo olvidemos, liderar es también educar. Lo he dicho muchas veces: los paises ricos lo son porque supieron invertir generosamente en educación; otras naciones, con dirigentes mas torpes, esperamos equivocadamente a ser ricos para destinar recursos a la Educación con mayúsculas.

No podemos olvidar que la principal responsabilidad de cualquier institución, de cualquier empresa o asociación, y de sus gestores, es -en primer término- cumplir con su deber y con el fin para el que fueron concebidas, dando beneficio, creando puestos de trabajo y riqueza, y siendo innovadoras y eficientes, además de competitivas. Sin embargo, empresa e instituciones, y sus dirigentes, tienen otras responsabilidades y algún compromiso que van parejos, y aún más allá del fundamental resultado económico: cumplir su función social y hacer posible un escenario mucho mas humano y habitable. Y contribuir, desde la Ética, a formar el carácter de los ciudadanos Es, no lo olvidemos, también su responsabilidad.