Palomos de papel

Manuel Palomo

Feijóo descubre el verdadero cáncer: que un trabajador enferme

Debe de ser que un médico estudia más de diez años para acabar firmando bajas al azar

Qué alivio. Durante años algunos pensábamos que los problemas de los trabajadores eran los salarios que no llegan a fin de mes, el precio de la vivienda, la inflación, la precariedad o las listas de espera sanitarias. Pero no. Ha llegado Alberto Núñez Feijóo para iluminarnos: el auténtico "cáncer" son las incapacidades laborales temporales (ILT).

Porque, claro, el drama nacional no es que haya personas que se rompan la espalda trabajando, que sufran ansiedad, depresión o enfermedades derivadas de jornadas interminables. El problema es que, según parece, se atreven a ponerse enfermos.

La solución, por supuesto, sería sencilla: si alguien está de baja, que cobre menos. Nada incentiva tanto la recuperación como la incertidumbre de no poder pagar la hipoteca o llenar la nevera. La fiebre desaparece por miedo al recibo de la luz; una hernia discal se recoloca sola cuando llega el alquiler; y la depresión, ya se sabe, se cura viendo cómo la nómina adelgaza.

Si alguien tiene cáncer, lo lógico sería reducirle el sueldo para que se cure antes. Si se rompe una pierna, que le descuenten parte de la nómina, así seguro que empieza a correr. Si un infarto lo manda al hospital, bastará con recordarle que la factura del supermercado sigue esperando. Debe de ser la nueva medicina económica: menos ingresos, más salud.

Lo curioso es que quien propone semejante receta jamás parece plantear otras mucho más útiles para los trabajadores. Por ejemplo, defender con entusiasmo un Salario Mínimo Interprofesional que permita vivir dignamente; impulsar subidas salariales acordes con el coste de la vida; combatir la precariedad laboral; reforzar la prevención de riesgos laborales para evitar accidentes y enfermedades; reducir la temporalidad; o invertir más recursos en la sanidad pública para que las bajas y las recuperaciones sean más rápidas.

Pero eso parece demasiado complicado. Es mucho más sencillo señalar al enfermo.

Y, de paso, sembrar dudas sobre los médicos. Porque cuando se sugiere que las bajas se conceden "sin ton ni son", el mensaje es claro: miles de profesionales sanitarios estarían regalando incapacidades laborales como si fueran cupones de descuento.

Debe de ser que un médico estudia más de diez años para acabar firmando bajas al azar. Resulta difícil imaginar una acusación más injusta para quienes soportan consultas saturadas, falta de personal, listas de espera interminables y una enorme responsabilidad profesional. Parece que ahora el criterio médico ha sido sustituido por el "usted descanse unos días, que total, esto lo paga otro".

Quizá convendría recordar que una incapacidad temporal no la concede un político desde un atril, sino un médico que responde con su firma y con su responsabilidad profesional. Si alguien cree que existe fraude, lo razonable sería perseguir a quienes defraudan, no convertir en sospechosos a millones de trabajadores honestos y a todo el colectivo médico.

Lo verdaderamente llamativo es que algunas preocupaciones siempre aparecen cuando el dinero llega al bolsillo del trabajador. Nunca cuando las grandes empresas presentan beneficios récord. Nunca cuando hay horas extraordinarias sin pagar. Nunca cuando hay contratos precarios, jornadas interminables o salarios que apenas permiten sobrevivir.

Quizá la pregunta correcta no sea por qué aumentan las incapacidades temporales, sino por qué aumentan las enfermedades relacionadas con el trabajo, la ansiedad, el estrés o los problemas musculoesqueléticos. Tal vez habría que preguntarse si las condiciones laborales tienen algo que ver. Pero esa respuesta exigiría actuar sobre las causas y no sobre las víctimas.

Al final, el mensaje parece ser: si enfermas, procura hacerlo poco y rápido. Si tienes una enfermedad grave, que no salga muy cara. Si un médico considera que necesitas recuperarte, quizá el verdadero problema sea el médico. Y si cobrar menos durante una baja sirve para algo, será para añadir más angustia a quien bastante tiene ya con intentar recuperar su salud.

Porque quizá el verdadero "cáncer" no sea la incapacidad temporal. Quizá lo sea una forma de hacer política que convierte al trabajador enfermo en culpable, al médico en sospechoso y a los derechos laborales en un lujo prescindible. Mientras tanto, cuestiones como un salario digno, unas mejores condiciones laborales o una sanidad pública bien financiada siguen esperando... aunque esas, curiosamente, nunca parecen ser la prioridad.