¡Eoooo, vecino! Me meo en tu puerta y en tu entrada. No es la primera vez, ya lo sabes pero es que ahora he batido plusmarca: esta micción triplica la anterior. Ya tenía ganas. No te quejes, ya sabes que cuando me dé la gana puedo volver a hacerlo en versión corregida y ampliada, tengo una familia extensa de orinadores potenciales, si alguno no vuelve no se lo echará en falta. Sé que hay un individuo rabiando porque te vayas del inmueble para ocuparlo por eso no duda en proclamar a los cuatro vientos que la culpa de que me mee en tu vestíbulo no es mía sino tuya por haber dejado la puerta sin la llave vuelta. Si te sirve de consuelo ten por seguro que si alguna vez te sustituye me seguiré meando en su casa igual. Como verás pocos han puesto el grito en el cielo pues es de desagradecidos después de ser agasajados en mi casa (tú inclusive) y de colmarme de regalos (tú inclusive) decir que está mal que me mee en el vestíbulo del vecino. Fíjate que el resto del bloque no ha censurado mi actuación, más bien al contrario, si es que con un felpudo que reza “¡Bienvenido!” en la puerta vas provocando. Admiro tu cuajo para insultar a la inteligencia a quien te refiere el caso aludiendo a cualquier cosa menos a mí. Poco más. No te retrases ni tú ni el resto de vecinos en pagar la “protección”, bien sabido es que no estoy en la comunidad pero sí en el edificio. Ya sabes, me pongo nervioso, la vejiga se me afloja a la par que el esfínter y tu portal es el que tengo más a mano.
Atentamente, tu vecino incontinente.