La chapa

Carlos Oya

A vueltas con la I. A. (un breve y humilde opúsculo)

Las revoluciones industriales sabemos cómo comienzan pero para saber cómo terminan hay que esperar décadas o siglos

“Creo que el potencial de lo que va a hacer Internet a la sociedad para lo bueno y para lo malo es inimaginable” contestaba a un pasmado periodista de la B.B.C en 1999. David Bowie. ”Pero ¿no es sólo una herramienta?”, “No, es una forma de vida extraterrestre”. Lo clavó. Pienso que todo el discurso del viejo Ziggy (que algo sabe de la vida extraterrestre, concretamente en Marte) se puede aplicar ampliado y corregido a la que nos viene con la Inteligencia Artificial. Retomando a Bowie, apenas hemos avistado la punta del iceberg.

Tema vasto y más para un lego pero en el devenir de los días compruebo que hay aspectos de bulto en tal revolución que la gente en general desconoce o soslaya y merecen una reflexión. Se tiende a pensar en la I.A. como algo inmaterial e incluso pseudo espiritual, que nos rodea y está en todo, una especia de panteísmo 3.0. No consume nada y nos da sus frutos con la misma generosidad que el sol su luz cuando (al igual que el sol) la I.A depende de una infraestructura física necesitada de electricidad y materiales, como cualquier P.C, estando los elementos cruciales (semiconductores, chips) sometidos a una brutal obsolescencia programada traducida en toneladas de basura con destino al tercer mundo mayormente. Por otro lado estos sistemas se sobrecalientan con facilidad, necesitan un buen sistema de refrigeración, es decir: agua por un tubo o, en este caso, acueducto. Una imagen ‘ghiblizada” (no jibarizada, aunque seguro que se puede sólo que no está de moda…todavía) cuesta 3,5 litros de agua. Imaginen las maquinas cuando en su punto álgido a todo dios le dio por ponerse una foto de perfil “miyakizado” (por supuesto sin permiso alguno del maestro japonés). A un paso de la incandescencia como el palo de un churrero (se alcanzaron picos de calor y creo que la aplicación llegó a petar). La I.A. es una actividad contaminante. Un modelo avanzado de I.A. puede llegar a necesitar 1.200 MWh de electricidad. Una búsqueda tradicional en Internet, tipo Wikipedia, genera una décima de la energía de una consulta estándar a una I.A. Con una demanda creciente no tardará en duplicarse el gasto energético, energía que no viene de fuentes limpias, al menos en su mayor parte. Esto es piedra de toque para los partidos verdes y los ecologistas que muchos desconocen. Las revoluciones industriales sabemos cómo comienzan pero para saber cómo terminan hay que esperar décadas o siglos y sus resultados aún son materia de debate para los académicos (sin ir más lejos la primera revolución industrial inglesa). No sabemos si la relación coste beneficio saldrá a cuenta (ignorancia acrecentada por la opacidad de las grandes tecnológicas a proporcionar datos) .No está nada claro que los puestos que destruya sean absorbidos por nuevas actividades (algo que sí pasó con el traspaso de trabajadores primero del sector agrícola al industrial y posteriormente del industrial al sector servicios siempre dentro de los límites del llamado, a falta de mejor término, “mundo desarrollado”). De un modo general anteriormente se echaba gente de un vagón para meterla en otro, que haya otro vagón ahora no es impepinable y si lo hubiere será con dimensiones menores según parece. Sí, la I.A.es un tren imparable, lo que no tenemos muy claro es a dónde nos lleva. Y es esto último de lo que tenemos que ser conscientes.



Luego está el aspecto ético. La I.A. tiene un argumento irrebatible (que comparto) a su favor (y aún más si llegamos a la I.A. cuántica): un mundo con menos enfermedades y mejores tratamientos. En la época analógica los mismos científicos hablaban de la imposibilidad de curar enfermedades no porque tal cura no existiera “a priori” sino que, acudiendo a las matemáticas, el tiempo de trabajo para los humanos (experimentos, cultivos …) llevaría siglos. Eso ha cambiado y lo seguirá haciendo a mejor, aunque algunos motivos sean espurios (la búsqueda de la inmortalidad, beneficios industriales, un pacto de Munsk con Satán…vaya usted a saber) la “humanidad humana” se aprovechará de ello así sean migajas. La I.A. logrará infraestructuras más seguras (aunque será como la feria, irá por barrios). Démosle una medalla a la I.A por ello. Cautelosos entremos ahora en terrenos pantanosos. La ciencia ficción es como un reloj parado. Al menos una vez al día da bien la hora. No tenemos naves espaciales pero en el tamaño de tu uña meñique del pie tienes toda la filmografía de Paco Martínez Soria. Mientras de los 50 a 80 las pelis nos mostraban que la tecnología cuanto más grande y más botones mejor (siempre me pregunté para qué coño servían los pulsadores y lucecitas de la coraza de Darth Vader) la realidad ha ido en dirección contraria: al minimalismo feng shui digital. Dentro de poco algunos pagarán en los bares arqueando las cejas. Pero no es descabellada la idea de una entidad tecnológica que no sólo aprenda por sí misma (de hecho algunas ya lo hacen) sino que se repare a sí misma y, en última instancia, tenga consciencia de sí misma. Antes de recurrir al ya manido tópico de Terminator y Skynet todo  ya estaba pergeñado por típos  como Philip K. Dick ( “ La tercera variedad” ),  William Gibson (“ Neuromante”) o Harlan Ellison (”Si tuviera boca gritaría”,  a éste último tuvo que pagar Cameron y ser acreditado  por tomar ideas de tal historia para su película). Una pregunta para cualquier religioso ¿si una entidad sintética cobra consciencia de sí misma tiene alma? No digo que esto vaya a pasar pero el buen gobierno se basa en conocer las posibilidades y las probabilidades; tener un plan de contingencia, al menos esbozado. Por eso la gente pone alarmas en sus casas, hay sistemas antiincendios en los edificios…Mejor tenerlo y no necesitarlo que necesitarlo y no tenerlo. Desde mi ingenuidad postulo una organización sujeta a la O.N.U. que delimite los usos de la I.A. y decida quién, cuándo, cuanto tiempo y para qué usarse. Ya estoy oyendo las risas: un servidor lee las líneas anteriores y se ruboriza. Pero luego pienso en el laxo ( siendo clemente) control de Internet y los coloretes se desvanecen: acceso a pornografía a menores “24 horas party people”, “si no lo encuentras en Internet para todo lo demás Darkweb: sicarios, armas, drogaína…”, acoso escolar que no termina al salir del instituto, es como España …”hay barcas para seguir”, en este caso redes sociales, violación sistemática de derechos intelectuales…Cuesta pensar en una colaboración internacional por el bien del “mundo mundial”  pero como decía el bardo: “Un hombre puede soñar”.

Por último vislumbremos aunque sea borrosamente cómo puede afectar a la cultura en su más amplia acepción. No hace mucho a un músico profesional nacional le colaron una canción de la I.A. como de los Rolling Stones (debo decir que yo capté el fraude al segundo, sonaban a Stones pero a Stones de los 70 y claro…Watts ya ha plegado el peine). Lo más escalofriante es que la canción no estaba mal…nada mal. Podemos ganar batallas por la propiedad intelectual pero la guerra parece perdida a falta de sorpresas de última hora. Aquí me pongo del lado de Hobbes y su pesimismo antropológico: el hombre si puede robar, roba. Viene de antes, no todo va ser culpa de la I.A. Yo entendía la piratería (musical en mi caso) como una posibilidad de escuchar discos con una calidad deficiente que no podía permitirme por motivos económicos. Pero lo que yo quería era pasta y tener el disco con su portadaca, sus fotos y las letras y no una cinta TDK con las canciones manuscritas. Ahora no es así. Por una irrisoria cuota tienes música para 29 encarnaciones. Lo mismo con las plataformas de series, pelis o libros digitales. Y aún con eso el tipo que no duda en gastarse 14 pavos en una copa sigue esquilmando, rapiñando, robando…pirateando. Luego la guinda…se declaran fans de alguna serie o banda. Se desviven en alabanzas…pero no compran un disco así los maten ni pagan los capítulos de la serie que los embelesa. Te quiero perrito pero pan poquito. Se mesan las barbas si la banda no saca más álbumes o cancelan la segunda temporada de la mejor serie (gratis) de los últimos años. Indignación en las redes, manifiestos digitales…pero ni un puto duro a los creadores, directores, guionistas y todo el equipo técnico. Pues imagínense cuando exista la posibilidad de que una máquina te haga un “Pérez Reverte” o un “Estéfano King” en un plis: hasta podrán elegir el número de páginas. Los algoritmos de los cojones los carga el diablo. Según lo que buscas, lo que lees, las películas que veas te van cerrando el paisaje más que ampliándolo porque sí que tienes mucha más información pero de elementos que corroboran tus gustos y, aún peor, tus opiniones estrechando el margen de la duda razonable y la perspectiva en general. Ríanse de nuevo pero lo mismo que pasó con las granjas ecológicas, que no sólo por la calidad sino por un compromiso ecológico-animalista algunos pagan más por una docena de huevos, puede que otro sector pague más por un libro, una peli, una canción realizada por un humano. Ya imagino la marca de agua: “No soy una máquina, tío”. En Noruega, concretamente en las islas Spitsbergen, existe una enorme bóveda subterránea conocida como “el semillero del mundo” en la que a prueba de bombas se preservan muestras de la mayoría de especies vegetales conocidas a resguardo del holocausto nuclear, una infección zombi o una pandemia de bandas tributo. Pues “mutatis mutandi” habría que darle una vuelta a una colonia de profesionales (como aquellos “hombres libro” de “Fahrenheit 451”) que mantenga y transmita destrezas, capacidades con el tiempo pérdidas o absorbidas por la tecnología como “hacer fuego” (hoy en día creo que solo es capaz un señor de Atapuerca), manejar un torno de alfarero, escribir a mano sin faltas de ortografía o dar a luz un buen chiste (escucho ofertas). Dirán que estoy exagerando, cabalgando la hipérbole y les daré la razón no sin un pequeño apunte…cuando hace dos años estuvimos 48 horas de apagón la gente no tenía linternas en su casa, si las tenía, las tenía sin pilas y si tenía pilas no sabía cómo ponerlas.

Y ahora viene lo que me toca de verdad la patata, lo que iba a ser en principio esta columna hasta que se me fue de las manos. Comenzó con un sabañón y me pelé entero decía Gila. Vamos a ver, artistas reunidos Geyper “a dios rogando pero con el mazo dando”. No es de recibo que, por poner un ejemplo, una banda se queje de Spotify por colar canciones de I.A. pero luego usen la misma I.A, para hacer un vídeo musical, la portada de un single o el cartel de un bolo. Llama a un profesional o te lo haces tú mismo como John Carpenter en “Halloween”: él mismo compuso la banda sonora y bien chula le quedó. Los creadores debemos renunciar al uso de cualquier tipo de I.A. tanto si afecta a tu obra o de forma lúdica porque perjudica a tus colegas. No nos tiremos piedras los unos a los otros, para eso ya están los partidos de izquierda. Seamos la trinchera, esa pequeña aldea gala que resiste a Roma. Muramos antes de perder la vida.

Post Data: Toda está chapa se ha realizado sin usar I.A.