Lo he contado y escrito con anterioridad. Tenía un amigo, ya fallecido y curtido en la siderurgia norteña, que proclamaba "más Cultura, que lo demás es verdura".
La verdura es una opción, pero siempre ha de ser una prioridad arrimarle sustancia; preferentemente la que procede de la materia gris. Aún así, no falta quien está dispuesto a exhibir un manojo de espinacas como si fuera una pintura de Velázquez o el mismísimo Quijote de Cervantes
O quien repite el soniquete al uso en los últimos tiempos del "y decían que en Jaén no hay ná". Explícales que igual que hay quien confunde valor con precio, hay quien consume la cultura al peso.
La realidad es que en Jaén hay poco. Tan real como que a los políticos la cultura no les interesa demasiado, más allá de salir en la foto con un mediático creador y, probablemente, instalados en la creencia de que si el roce hace el cariño, por qué no se va a pegar también el talento.
Salvo Úbeda, que sigue manteniendo una programación cultural estable y de calidad, el resto de la provincia sobrevive culturalmente como puede, con un festival por aquí o un aniversario real o imaginario por allí.
La capital no es ajena a esa supervivencia y aunque es cierto el avance, no es menos cierto que demasiados trenes pasan de largo. A los conocidos problemas de comunicaciones y a las carencias en infraestructuras se suma la, no menos obvia, ausencia de inquietudes culturales; salvo, a imagen y semejanza de los políticos, que el creador sea conocido o al menos salga en la televisión.
Cualquier junta letras se cataloga como escritor, cualquier cantante de ducha se anuncia como un nuevo Dylan y quien ensucia un lienzo se presenta como pintor; para espanto y frustración de quienes tienen talento, pero escasas o nulas oportunidades de trascender los límites provinciales.
Ese es el panorama hoy, pero quizás pueda cambiar de cuajar ese nuevo proyecto de recuperación, tras 150 años olvidado, del Ateneo Cultural Ciudad de Jaén, que se presentaba el pasado 4 de junio en sociedad, encabezado por el escritor Raúl Cueto.
Es una tarea ardua. Habrá que cimentar las bases, más allá de la ilusión y el compromiso de sus impulsores. Y habrá que lograr que el resto nos sumemos a la causa. La apuesta es la Cultura, más allá de las camarillas y del “qué hay de lo mío”. Más allá de la verdura.