La doble condena de una celda a 50 grados

Los presos de prisiones tipo como la de Jaén soportan temperaturas extremas e insalubres, una doble condena por la inacción institucional y la latitud

 La doble condena de una celda a 50 grados

Prisión de Jaén.

“Es frecuente encontrar a los reclusos durmiendo por la mañana en el patio, apoyados en el muro, porque no han podido descansar en toda la noche”. Es el testimonio de un funcionario de prisiones que conoce la situación que se vive durante el verano en las cárceles tipo andaluzas, como es el caso de la de Jaén o la de Córdoba, donde las temperaturas en las celdas pueden alcanzar hasta los 50 grados.

EXTRA JAÉN ha hablado también con un exrecluso de la prisión jiennense y otras fuentes que coinciden en señalar que la situación que se vive en la prisión de Jaén durante el verano es “insoportable”, al igual que en el resto de Andalucía y otras zonas del Sur. “Hay momentos en los que se pueden alcanzar los 50 grados”, coinciden todos.



El año pasado la temperatura media en Andalucía según los datos de la AEMET se situó en los 26,8 grados, lo que supuso una anomalía cálida de casi dos grados por encima del promedio histórico, consolidándose como el verano más caluroso registrado en la comunidad autónoma desde 1961. Las temperaturas máximas superaron con frecuencia la barrera de los 40 grados en el interior, con registros extremos que llegaron a alcanzar hasta 45,8 grados centígrados.

Las prisiones tipo en Andalucía, como la de Jaén, están construidas principalmente a base de hormigón armado, paneles prefabricados de hormigón y ladrillo. Estos materiales se combinan con cerramientos metálicos de alta seguridad y cristales blindados, según los datos del Ministerio del Interior.

El diseño está basado en estructuras tipo "búnker" donde lo que prima es la seguridad. El hormigón y los cerramientos metálicos absorben el calor extremo y, al carecer de aislamiento eficiente, convierten las celdas en espacios asfixiantes durante el verano, porque la temperatura acumulada durante el día se irradia por la noche. El hecho de cumplir condena en una prisión como la de Jaén se convierte en una doble condena.

Cómo sobrevivir a las altas temperaturas

Según las fuentes consultadas, los presos deben estar en sus celdas a las 20’30 horas y no vuelven a salir hasta las 8 de la mañana del día siguiente, casi doce horas en un habitáculo de unos diez metros cuadrados donde “sólo hay una ventana abatible que no se puede abrir del todo”, una litera o dos camas, un aseo integrado y tras las últimas reformas, una ducha (en el cado se Jaén). En cada celda conviven dos presos, porque aunque por ley se conciben como celdas individuales, la normativa permite alojar a dos personas.

Según explican tanto el exrecluso como el funcionario de prisiones, muchos de ellos mojan cortinas o toallas y las ponen en la ventana para que el poco aire que pueda entrar les refresque. Otro de los hábitos durante el verano es cubrisre (principalmente el cuello) con las toallas mojadas, además de las continuas duchas para soportar el calor asfixiante. Sin embargo, medidas como tapar la ventana pueden acarrear una sanción.

También es frecuente que mojen el suelo de las celdas y que crezca el consumo de somníferos. Todo ello independientemente de que pueden tener un ventilador en la celda, siempre y cuando lo compren ellos y se lo facilite la familia. Sin embargo, todos coinciden en que a casi 40 grados por la noche en la celda, “de poco sirve, porque lo que mueve es aire caliente”. La prisión también les facilita hielo y en el economato pueden adquirir helados y polos, explican.

Otra de las consecuencias comunes durante la época estival es el incremento de conflictos entre los reclusos. También crece el consumo de lo que en su jerga se conoce como “chicha”, que es fruta fermentada mezclada con agua. Las frutas con alto contenido de azúcar (como uvas, plátanos, manzanas y mangos, por ejemplo) fermentan naturalmente si se dejan expuestas al aire y a temperatura ambiente y estos azúcares se convierten en alcohol.

En situaciones muy extremas, aunque en estos casos el funcionario de prisiones puede ser sancionado, se recurre a lo que denominan el “diez por ciento”. Aunque poco común, por el riesgo que entraña, se trata de dejar un poco abierta la puerta, que es de acero de alta resistencia, para que haya paso de aire. Un diez por ciento.

Hay que tener en cuenta que en los patios tampoco hay sombras, solo las que ofrece la propia construcción según la posición del sol, de ahí que por las mañanas sea frecuente encontrar a buena parte de los presos durmiendo echados sobre el muro que los cobija.

Una lucha estéril

El diagnóstico de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA) en reiteradas comunicaciones e informes anuales es que ni las celdas ni las zonas comunes de la mayoría de los centros penitenciarios andaluces cuentan con sistemas de refrigeración que garanticen condiciones mínimas de habitabilidad.

La ausencia de un protocolo estatal homogéneo y vinculante hace que existan diferencias significativas entre cumplir una condena en el Sur o hacerlo en el Norte. La Secretaría General de Instituciones Penitenciarias (SGIP) no ha establecido un umbral de temperatura máxima admisible en los centros penitenciarios, ni un calendario obligatorio hasta el momento de instalación de sistemas de refrigeración.

La Asamblea de Familiares de Personas Presas de Pro Derechos Humanos de Andalucía lleva años documentando y trasladando estas quejas a las instituciones competentes. En julio de 2022, en plena ola de calor con avisos rojos en Córdoba, Sevilla y Jaén, la organización presentó una queja formal ante la Secretaría General con un pliego de exigencias relacionadas con las altas temperaturas.

El marco legal ampara estas reclamaciones. La Ley Orgánica General Penitenciaria, en su artículo 19, y el Mecanismo Nacional para la Prevención de la Tortura (MNPT), en su informe de 2014, reconocen la obligación de adaptar los centros penitenciarios a condiciones mínimas de habitabilidad en cuanto a temperatura y ventilación.

La Asamblea de Familiares también ha dirigido sus peticiones al Defensor del Pueblo Español, instando a que actúe como órgano de supervisión ante la inacción de la administración penitenciaria.

Mientras tanto, aunque se han dado algunos pasos, la situación se hace cada vez más dramática e insoportable con el cambio climático y el incremento de las temperaturas.