Siéntate y lee. Sálvate.
Apaga el ruido, aunque solo sea por un instante. Deja que otro mundo se abra ante ti. Empuja la puerta; échala abajo si es necesario y adéntrate en él como si fuera la única salida de un incendio.
Lee cuando duela y cuando no. Lee y abre la mente, y deja que todo se ordene. Hay una cura escondida entre líneas para cada herida. Siempre existe otro alguien que ya padeció, ya supuró y aprendió a sanar. Solo tienes que aprenderlo, incluso cuando no lo entiendas. Ya existió alguien que llamó a las cosas por su nombre, alguien que las describió y les dio forma, las ordenó, les puso flores, las acomodó y las ordenó. Hay quien, incluso, las destruyó por ti.
Siéntate o quédate de pie, pero lee, en cualquier momento, a cualquier hora. Deja que las líneas te alimenten; nútrete de palabras hasta saciarte, hasta quedarte sin hambre, hasta que el vacío que te horada el pecho se llene.
«¡Ay que sinrazón! No quiero
contigo cama ni cena,
y no hay minuto del día
que estar contigo no quiera,
porque me arrastras y voy,
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire como una brizna de hierba».
¿Cómo no vas a curarte si Lorca lo dejó escrito? Si la belleza —la belleza suprema— se esconde entre las tapas de un libro.
Si Salinas fue capaz de escribir:
«Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes del mundo,
solo tú, serás tú».
Dime si no es verdad que, cuando uno lee esos versos, siente que ya todo mereció la pena: los arañazos y las heridas; que merece la pena vivir, vivir a ratos entre las páginas de un libro.
«Hoy es siempre todavía», dijo Machado. Estás a tiempo, lee.
Viaja. Atrévete a viajar. Si existen La vuelta al mundo en 80 días y Alicia en el país de las maravillas, ¿qué más necesitas? ¿Cómo sabrías, si no, que un mundo cambia dependiendo del cristal con que lo miras?
¿Cómo no vas a creer en la magia? Si existe La Historia Interminable, El señor de los Anillos, El principito.
Dime si las ganas de huir no desaparecen cuando un libro te atrapa.
Si alguna vez, leyendo, pensaste «esto lo escribieron para mí», tenías razón: cada palabra está escrita para ti y está esperándote, paciente, reposada en la línea de una página.
Hay universos enteros esperándote, hechos solo de tinta; ciudades que existen solo porque alguien las imaginó, con sus edificios y sus calles, con su idiosincrasia, sus gentes, su historia.
Hay amores que laten hacia la eternidad, infinitos, como el de Romeo y Julieta; y otros que aún no han sucedido, esperando a que los leas para ser. Pasiones desmedidas como la de Ana Karénina o la de Desideria Oliván; calcinantes, destructivas. Pasión, al fin y al cabo. «Si nadie garantiza que un amor permanezca, ¿Quién garantiza que un amor se acabará?» Se preguntó Antonio Gala.
Hay una verdad buscándote y esperando, al mismo tiempo, que la encuentres.
Subraya. Marca. Dobla la esquina. Vuelve atrás.
Haz de cada libro un campo de batalla y levanta la bandera blanca en la última página.
Deja que venza la paz.
No hay nada que no esté escrito y, sin embargo, todo está por escribirse.
Leed, por favor, leed.
Y por esta vez, sin que sirva de precedente, hacedme caso.