Hay instituciones que gobiernan ciudades… y otras que, con un poco de imaginación (y bastante ironía), podrían confundirse con un estanco bien surtido. El Ayuntamiento de Jaén, visto lo visto ayer, pertenece a esa segunda categoría premium.
Porque ayer, 20 de abril —el de la canción de Celtas Cortos— el pleno municipal ha tenido más de repertorio musical que de orden del día. El portavoz del PP, Agustín González, ha decidido tirar de nostalgia noventera citando prácticamente la canciones enteras, como si en lugar de un debate institucional estuviéramos en una verbena con concejales. El alcalde, entre sorprendido y resignado, ya ha dejado caer que hará lo posible para que no vuelva a celebrarse un pleno en esta fecha. No es censura, es prevención melódica.
Mientras tanto, VOX abría otra ventanilla en este peculiar “estanco de la Plaza de Santa María”, aportando reflexiones que parecían más propias de corrillo que de salón de plenos, hablando de inmigración y porros como quien pide fuego sin mirar a quién.
Y claro, uno empieza a atar cabos y entiende que el Ayuntamiento no gestiona: despacha. Como un estanco moderno, con su catálogo bien variado:
Papel de liar: imprescindible para montar discursos que, sin envoltorio, no se sostienen ni un minuto.
Filtros: para rebajar lo que se dice… o directamente para que no llegue todo al ciudadano.
Mecheros y encendedores: porque aquí se encienden debates con facilidad, aunque luego nadie encuentre el extintor.
Pipas y puros: largos, densos y con mucho humo, como algunas intervenciones que llenan acta pero no soluciones.
Recargas telefónicas: para seguir llamando a los mismos argumentos de siempre, sin cobertura de autocrítica.
Bonos de autobús: ideales para dar vueltas y vueltas sin bajarse nunca en la parada de las decisiones.
Envío y recogida de paquetes: competencias que van de mano en mano sin que nadie firme la entrega.
Incluso podríamos añadir los “certificados médicos imaginarios”, porque hay momentos del pleno que uno solo puede explicar con reposo y observación clínica.
Y, como en todo buen estanco, también hay hábitos curiosos: algunos concejales salen “a por tabaco”… y no regresan. Se quedan en un limbo político donde ni están ni se les espera, dejando la silla caliente y el debate frío.
En definitiva, el Ayuntamiento de Jaén ha perfeccionado un modelo único: el de institución-estanco, donde se vende de todo —opinión, ocurrencias, nostalgia musical— pero escasea el producto más demandado: certezas. Y eso, a diferencia de los paquetes de tabaco, no viene ni con advertencias ni con fecha de caducidad.
Manuel Palomo
Palomos de papelEl estanco de la Plaza de Santa María
Papel de liar discursos y mecheros para el pleno del 20 de abril