Se me ocurre que va siendo hora, en este 2026 que nace muerto para tantos espejismos y anhelos, que nos quitemos la mortaja del silencio para contestar a los cansaliebres de turno.
Se me ocurre, que en estos tiempos que ni los vecinos saludan, aunque cada mañana, al levantarse, den los buenos días en las redes sociales con una pretenciosa cita filosófica sacada de Google como “nunca moriría por mis creencias porque podría estar equivocado”, atribuida a Bertrand Russell, o alguna otra estupidez del estilo (con todos mis respetos al señor Russell, por muy premio Nobel que fuera); pues se me ocurre, que va siendo hora de quitarnos la mortaja silente y comenzar a contestar, cara a cara, sin teclados de por medio, a todas las estupideces y sandeces de tanto cuñao sabiondo, que lo mismo te da una lección de geoestrategia, que te martillea la cabeza con la configuración de la baliza.
Se me ocurre que no estaría mal que cada vez que te increpe con su argumentario ultra de Don Pelayo ecuestre y toda su maldita estirpe lo mandemos un poquito a la mierda, solo un poquito, lo justo para que se remoje los tobillos, no para que llegue hasta el cuello.
Y se me ocurre que, si sus niveles de simpleza dialéctica no rozan lo ridículo, se le dé algún argumento para que valoren que a veces no está mal querer morir por las creencias, porque si aún no hemos aprendido a dejar de morir de amor, cómo no vamos a luchar para que tantos mierdas dejen de matarnos de asco.
La sandez de hoy llenará las urnas del mañana y no será la primera vez, pero, ya digo, se me ocurre, que en este 2026 que nace muerto, rompamos el silencio y repliquemos tanta soflama social.