Muchas toneladas de aceite de oliva se perdieron por las grandes borrascas del pasado invierno, pero más aún son las que tiramos a la basura con las campañas de promoción para la comercialización de este producto llevadas a cabo de unos años para acá.
Nuestras autoridades están empeñadas en valorar sólo el virgen extra de nuestro ‘oro verde’, que supone una mínima parte de la producción total de los olivareros jiennenses, por lo que hundimos el precio del resto, lo que provoca un grave perjuicio para casi todas nuestras explotaciones agrícolas.
¿Quién se beneficia de esta depreciación de la mayor parte de la producción del aceite de oliva? Está claro que son las grandes comercializadoras y distribuidoras, porque así pueden comprar mucho más barato el 90 por ciento de la cosecha a los agricultores jiennenses. Y luego las venden y califican como les da la gana, porque convierten en ‘virgen extra’ lo que en las catas de origen es considerado de calidad inferior.
Una de las últimas inspecciones de Sanidad en Jaén desveló que más del 95 por ciento del aceite de oliva embotellado como ‘virgen extra’, no lo era. La mayor parte de estos casos fraudulentos fue detectada en las marcas llamadas de ‘línea blanca’ de las grandes superficies comerciales.
Esta obsesión interesada por valorar sólo una mínima parte de la producción oleícola se une a la absurda y contraproducente también política comercial de dividir y confundir a los consumidores del aceite de Jaén con todo tipo de denominaciones de origen y de variedades de aceitunas y olivos, lo que está muy bien para cuidar y conservar las características de cada explotación olivareras, pero perjudica su comercialización al utilizarlas como distintivos en el mercado.
Cuando aprenderemos, por ejemplo, del vinagre de Módena, que etiqueta todas sus botellas con el nombre de esta ciudad italiana bien grande y sin otra marca más, mientras el resto de sus datos de extracción y producción aparecen casi sin visibilidad. Y así este producto se ha impuesto y valorado a nivel mundial, y no sólo el mejor o más puro, sino toda su producción.
Grandes intereses económicos están detrás de que nuestro aceite de oliva no siga este ejemplo, y sólo utilicemos la marca ‘Aceites de Jaén’, que no confunde, es más que conocida y tiene un excelente prestigio y credibilidad en todo el mundo. Los mismos que son los dueños de los medios de información y financian a los partidos políticos y a nuestra Administración Pública. ¿Está claro, o no?