Este 17 de marzo, el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Jaén vivió uno de esos días en los que hasta los relojes parecen ir con protocolo. No porque se retrasen —Dios nos libre—, sino porque todo el mundo mira la hora con la misma intensidad con la que revisa si la corbata está en “tono sobrio” y nada de varon dandy.
La recepción a Sus Majestades los Reyes convirtió el edificio consistorial en una coreografía perfectamente ensayada… o al menos intensamente leída en PDF. A las 12:00, Jaén contenía la respiración. A las 12,05, la contenía aún más, por si acaso alguien llegaba a las 12:06 y tenía que saludar a la Historia desde el pasillo.
Manual de instrucciones para parecer institucional
El despliegue de etiqueta fue tan preciso que uno tenía la sensación de que, en caso de emergencia, el protocolo serviría también para montar un mueble sueco. Caballeros de traje oscuro —negro, azul marino o ese gris que uno se pone cuando quiere parecer importante pero cercano— y señoras en elegante equilibrio entre el cóctel y la sobriedad cromática. Eviten colores excesivamente estridentes (no me vengan ustedes como Ágatha Ruiz de la Prada) y el vestido por la rodilla o midi.
Especial mención mereció la venera municipal, lucida con orgullo y, en algunos casos, con la ligera tensión de quien no quiere que se le gire justo en el momento de la foto oficial, porque hay cosas que no se perdonan: ni un mal encuadre ni una venera torcida.
El saludo: breve, contenido y con la mano izquierda en modo avión
Llegado el momento, el saludo a Sus Majestades fue un ejercicio de precisión quirúrgica. Inclinación de cabeza: la justa, ni reverencia medieval ni gesto de “me suena tu cara”. Contacto físico: únicamente si Sus Majestades lo iniciaban, en un momento casi místico en el que la mano derecha entraba en acción mientras la izquierda permanecía en reposo absoluto, como si estuviera meditando.
Hubo quien, según testigos, pasó más nervios recordando qué mano usar que en su primer examen de conducir.
El verdadero cronómetro llevaba tacones
Si algo quedó claro durante toda la mañana es que el tiempo no lo marcaban ni los relojes del salón ni el protocolo impreso: lo marcaba Doña Letizia. Con una precisión casi suiza —pero con acento español— fue quien imprimió el ritmo del acto: pausas medidas, saludos ágiles y esa capacidad de hacer que todo avance sin que parezca que alguien está mirando el reloj… aunque todos lo estuvieran.
La foto de familia: operación “ni un concejal fuera de sitio”
Tras el saludo, la corporación municipal ejecutó con disciplina el descenso hacia la escalinata principal. Se pidió evitar deambulaciones, y se evitó: pocas veces se ha visto a tantos cargos públicos desplazarse con tal determinación, como si el suelo fuera lava institucional.
La escena de la foto de familia fue digna de un ensayo teatral: pasillo central, movimientos laterales perfectamente sincronizados y sonrisas que decían “aquí estamos” pero también “que no me tape el de al lado”.
Selfies reales y orgullo futbolero
Pero si algo rompió (ligeramente) la solemnidad fue el momento ciudadano. El público jiennense, móvil en mano y emoción en alto, consiguió lo impensable: fotos cercanas con Sus Majestades. Algunas, incluso, fueron realizadas por el propio Rey, que ejerció de fotógrafo improvisado con la naturalidad de quien ha cambiado el cetro por un smartphone durante unos segundos.
Y como no podía ser de otra manera, entre saludo y sonrisa apareció el regalo más de aquí: una camiseta del Real Jaén. Porque en esta ciudad se puede discutir de todo… menos de fútbol en días señalados.
Baños Árabes: historia, elogios… y marketing con arte
La visita continuó con parada en los Baños Árabes, donde Sus Majestades no escatimaron en elogios. A la salida, quedó claro que el conjunto había impresionado: alabaron su grandeza, su conservación y esa capacidad tan jiennense de hacer que la historia pese… pero bien.
Como detalle institucional, la Diputación —propietaria del espacio— hizo entrega de varios obsequios,( de Reyes a Reyes me imagino el saludo) en esa fina línea entre el recuerdo protocolario y el “para que no se olviden de nosotros cuando vuelvan”.
Y justo cuando todo parecía seguir el guion previsto, apareció el momento más genuinamente local del día: la charanga Los Jadissa. Ni cortos ni perezosos —y con ese espíritu de quien sabe que las oportunidades hay que cazarlas al vuelo— hicieron entrega a Sus Majestades de su tarjeta de presentación.
Porque si algún día la Casa Real necesita animar uno de sus saraos, allí están ellos: dispuestos, sonrientes y con más ritmo que protocolo. Una candidatura espontánea, directa y con ese aire de “llámenos, que ya verá usted qué ambientazo”. Marketing jiennense en estado puro.
Paseo por la calle Maestra: entre souvenirs, carreras… y tertulia exprés
En su recorrido por la calle Maestra, Sus Majestades hicieron una parada inesperada en una tienda de recuerdos. Y claro, donde el protocolo ve “establecimiento de souvenirs”, el pueblo traduce con rapidez: “¿souvenir o sus quedáis?”. Jaén en estado puro.
Mientras tanto, la escena se completaba con carreras improvisadas: padres, madres y, sobre todo, niños que salían del colegio y cambiaban el camino a casa por una misión mucho más urgente —ver a los Reyes de España, aunque fuera de lejos y entre móviles alzados.
Y entre empujón y empujón amable, se colaban también las conversaciones del día, esas que definen mejor que ningún discurso el pulso de la calle:
—“Hoy se come tarde… o lo que sea”
—“Yo ya lo tengo claro: patatas fritas con huevos, que no me da tiempo a otra cosa… ¡y no me voy a perder a los Reyes!”
Porque había tiempo para todo: para improvisar el menú y para analizar estilismos con precisión de pasarela:
—“Que si la Reina va de Zara…”
—“¡Qué va! Eso es de Palomo Spain, seguro”
—“¿Y él? ¿Adolfo Domínguez? ¿Pedro del Hierro?”
Debates sin resolver, pero una conclusión unánime:
—“Eso sí… guapos son un rato”.
El libro de honor y la memoria selectiva
Uno de los momentos más curiosos se vivió cuando el alcalde de Jaén, Julio Millán, presentó el libro oficial para la firma. No se limitó a ofrecer la página en blanco: con gesto casi de anfitrión orgulloso, señaló también la huella del pasado, recordando a Sus Majestades su visita anterior… cuando aún eran Príncipes.
Un pequeño viaje en el tiempo institucional que vino a decir: “Aquí ya han estado ustedes, pero ahora con ascenso incluido”.
El detalle frutal y el final… en el aire
Mientras tanto, en el siempre elegante Salón Mudéjar, corría el rumor —insistente, casi legendario— de que la Reina había solicitado fruta. Nada de grandes banquetes: fruta, ligera, discreta y muy en línea con la jornada.
Eso sí, el verdadero cierre gastronómico de la visita no tuvo lugar en palacio ni en comedor oficial alguno, sino en el helicóptero. Porque sí, en esta visita real, la comida se fue por los aires. Literalmente.
De placa institucional a “la lápida”
Pero si hubo un elemento que captó el espíritu jiennense del día fue la futura placa conmemorativa que se instalaría en el Salón de Plenos. Concebida para recordar tan ilustre visita, fue rápidamente rebautizada por el público espontáneo como “la lápida”.
Porque si algo define a Jaén es su capacidad para mezclar solemnidad y guasa en la misma frase. Donde el protocolo ve bronce institucional, el ciudadano ve una oportunidad para el comentario.
Epílogo: todo salió como debía (y como se esperaba)
La visita concluyó con la precisión con la que empezó —o quizá con la precisión con la que Doña Letizia decidió que debía terminar—. Los Reyes continuaron su agenda, la corporación recuperó el pulso normal y el Ayuntamiento volvió a ser ese lugar donde, entre pleno y pleno, la vida sigue… con o sin inclinación de cabeza reglamentaria.
Y así quedó la jornada: perfectamente organizada, elegantemente ejecutada y, como siempre, ligeramente reinterpretada por el ingenio popular. Porque en Jaén, incluso los actos más solemnes acaban teniendo un pie en la historia… y otro en el chascarrillo.
Manuel Palomo
Palomos de papelCrónica de una mañana muy real (y muy reglamentada) en Jaén
La placa que se pondrá en el salón de plenos para recordar tan ilustre visita, fue rápidamente rebautizada por el público espontáneo como “la lápida”
Foto: AYUNTAMIENTO DE JAÉN
Placa que se instalará en el salón de plenos municipal para recordar la visita de los reyes.