La tirilla

Santiago Donaire

#QuieroVivirEnZonaDeBajasEmisiones

En el fondo, la cuestión es simple: muchas de estas calles nunca se diseñaron para soportar el tráfico

 #QuieroVivirEnZonaDeBajasEmisiones

Mapa de la zona de bajas emisiones.

Las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) nacen para mejorar la calidad del aire, luchar contra el cambio climático y proteger la salud de la ciudadanía. Además, pacifican el tráfico, reducen el ruido, aumentan la seguridad de los vecinos y permiten recuperar espacio público para las personas. También impulsan un cambio hacia modos de transporte más sostenibles, como el transporte público o los desplazamientos a pie.

El debate suele surgir al delimitar estas zonas. En Jaén tenemos la ventaja de llegar tarde y poder observar lo que han hecho otras ciudades como Córdoba, Sevilla, Málaga, Cádiz, Almería, Huelva, Linares, Cuenca o Ciudad Real. En prácticamente todas ellas la ZBE se ha centrado en el casco histórico. Cuando menos llama la atención la homogeneidad del ámbito incluido en todas esas ciudades, también en Jaén, algo propio de usar criterios técnicos.  



La razón es sencilla: los centros históricos fueron diseñados siglos antes de la irrupción del automóvil. Son calles estrechas, con peor ventilación y donde el tráfico afecta más directamente a vecinos y peatones. Allí el ruido, la inseguridad y la contaminación se sienten con mayor intensidad. Además, gran parte del tráfico que atraviesa estas calles ni siquiera tiene como destino el propio barrio.

En Jaén hemos visto en los últimos tres años tantas propuestas como equipos de gobierno, todas alrededor del mismo espacio: el casco antiguo. Incluso en algo donde parece haber consenso resulta difícil ponerse de acuerdo. Y, como siempre, tampoco faltan los negacionistas de turno: si niegan las vacunas o el cambio climático, tampoco van a aceptar la regulación del tráfico. Además, hay alegaciones de vecinos a los que deberán escuchar.

El borrador de la ordenanza presentado tiene defectos formales: falta el proyecto técnico, mediciones claras de contaminantes y su integración en el Plan de Movilidad Urbana Sostenible. Pero son carencias subsanables. No solo porque exista una obligación europea de implantar estas zonas, sino porque deberían ser los propios vecinos quienes las reclamaran.

La lógica es clara: permitir el acceso a los residentes —incluso con moratorias para los vehículos sin etiqueta—, facilitar el acceso a aparcamientos y restringir el tráfico de paso a los no residentes sin distintivo ambiental, salvo las excepciones autorizadas por el órgano competente. Al mismo tiempo, debe habilitarse un sistema sencillo para gestionar autorizaciones de visitas y actividad comercial.

En el fondo, la cuestión es simple: muchas de estas calles nunca se diseñaron para soportar el tráfico actual. Aún recuerdo en la calle Merced Alta a una persona con andador siendo apremiada por un conductor impaciente para que caminara más rápido.

Construir una ciudad más saludable debería ser una demanda ciudadana, no una imposición europea, esto solo es el principio al que deberá ir progresivamente incorporándose el resto de la ciudad. Probablemente ocurrirá lo mismo que con la ley del tabaco: al principio cuesta aceptarlo, pero con el tiempo nadie entiende cómo pudimos vivir de otra manera.

Salud.