Régimen Abierto

Antonio Avendaño

Efecto cohete + efecto pluma = efecto atraco

El precio del gasoil sube como un cohete, pero baja como una pluma. ¿Es eso robar? En sentido técnico, penal, no; en todos los demás sentidos, sí

‘Está pasando, lo estás viendo’. El improbable lector recordará este exitoso eslogan de la cadena de noticias CNN que hoy regresa no a nuestras pantallas sino a nuestras gasolineras transformado en un inquietante ’Te están robando, lo estás viendo’. Se dirá que ‘robar’ es palabra demasiado gruesa para nombrar lo que está pasando, y tal vez lo sea, pero de alguna manera tendremos que desfogar nuestra ira las impotentes víctimas de un abuso tan flagrante como el incremento disparado del precio de los combustibles en las gasolineras desde la agresión unilateral de Estados Unidos e Israel contra Irán, el pasado 28 de febrero.

Cualquiera es capaz de entender que la estúpida guerra de Trump haya encarecido el precio del petróleo, pasando en apenas tres semanas el barril de Brent de 72 a 118 dólares, pero muy poca gente de a pie logra comprender por qué diablos el gasoil, este gasoil con que llena el depósito de su coche le cuesta hoy casi un 30 por ciento más que hace 22 días, cuando es un hecho innegable que aquel crudo de Oriente Medio cuyo precio se ha disparado tardará no menos de cinco semanas en ser transportado, refinado y distribuido en las estaciones de servicio donde estamos condenados a repostar nuestros coches. Datos de esta misma mañana: llenar un depósito medio de 55 litros de diésel cuesta ya hasta 100,98 euros, unos 21 euros más que hace un año. Como diría José Mota: no digo que me lo mejores, solo iguálamelo.



Naturalmente, cuando el precio del crudo experimenta bajadas significativas su traslado a las gasolineras no se produce de manera inmediata, sino más bien mediata y se diría que hasta mediatísima. Los economistas llaman a este fenómeno/atraco ‘efecto cohete’ y ‘efecto pluma’: los precios suben como un cohete, pero bajan como una pluma. ¿Es eso robar? En sentido técnico, penal, no; en todos los demás sentidos, uno diría que sí. 

El profesor de la Universidad de Barcelona Gonzalo Bernardos lo explicaba así: “Lo que es una vergüenza es que tú vas a la gasolinera, y esta gasolinera y la empresa que le suministra tienen comprado el petróleo, es decir, el gasóleo y la gasolina, desde hace tiempo. Entonces, si lo han comprado a un precio bajo, ¿por qué aplican el precio actual?”, se pregunta. Otros economistas, en cambio, como el también profesor universitario Albert Bernal opinan que “la subida tiene justificación, porque si te suben los costes, lo tienes que repercutir, como en cualquier mercado”, ya que, al tener que aprovisionarse de combustible continuamente, “el precio final no lo tienes que fijar según lo que te haya costado a ti antes, sino según lo que te costaría hoy”. La argumentación de Bernal, técnicamente conocida como ‘precio de reposición del inventario’, sería aceptable si el mercado operara con el mismo automatismo cuando el precio del crudo baja. Y no es así. Tan no es así que, de hecho, el binomio efecto cohete-efecto pluma no se produce en otros mercados: ¿se imagina el lector acudiendo a un concesionario a comprarse un coche y que el vendedor le dijera que ese vehículo que tiene en el escaparate cuesta hoy un 30 por ciento más porque en las semanas anteriores estalló una guerra y se ha disparado el precio del acero, el plástico o el caucho con que se fabricarán los vehículos disponibles para la venta dentro de un año?

Pero aparte de economistas particulares, cuyo criterio puede estar sesgado por múltiples motivos, ¿quién más dice ‘está pasando, te están robando’? Pues lo dice, por ejemplo, nada menos que la Comisión Nacional de los Mercados de Valores y la Competencia (CNMC), y no es que lo diga ahora, es que lo viene diciendo ¡¡¡desde 2009!!!

La entonces denominada Comisión Nacional de la Competencia –en 2013 cambió su nombre por el actual de CNMV– en su dosier de 87 páginas, publicado en junio de 2012 y titulado literalmente Informe de Seguimiento del Mercado de Distribución de Carburantes de Automoción en España. Los ‘cohetes y las plumas’ en España’, decía lo siguiente: “Las asimetrías suponen que cuando se produce un incremento en los precios internacionales, los precios minoristas nacionales reaccionan más rápidamente que cuando los precios internacionales disminuyen. Esta asimetría tiene efectos perjudiciales para los consumidores finales, puesto que no se benefician rápidamente de las bajadas de los precios internacionales y sí sufren con mayor rapidez las subidas de precios internacionales”. Este mismo informe de 2012 aludía también a los de años anteriores de la propia CNMV en estos términos: “El informe de 2011 tenía por objeto entre otras cuestiones valorar el grado de cumplimiento de las recomendaciones efectuadas en el informe anterior de 2009, estudiar la evolución reciente de los principales indicadores del grado de competencia en el sector y valorar las recomendaciones realizadas en el informe de 2009”. Es decir, concluyo en nombre de los damnificados, en 2012 hicieron un informe para ver si los operadores de mercado habían cumplido en 2011 las recomendaciones hechas en el informe de 2009. De nuevo hemos de remitirnos a Mota: no digo que me lo mejores, solo iguálamelo.