Al mismo tiempo que algunos se dejan hipnotizar en la España de pan y circo, por las declaraciones casposas del octogenario presidente del Real Madrid Florentino Pérez, rico por casa, que exige al más puro estilo Trump, "adhesión inquebrantable". Y mientras Pedro Sánchez está a sus cosas de poder para arriba y para abajo, sin entender que el PSOE cada vez más se parece a la Orquesta del Titanic. Resulta que en la comunidad más poblada de España nos hemos jugado nuestro presente en las urnas.
Las elecciones en Andalucía, como viene ocurriendo desde hace seis meses, en Extremadura, Castilla y León, o Aragón, han vuelto a mostrar unos pésimos resultados para el PSOE, perdiendo en cada una de las ocho provincias. Que lejos quedó aquello de ser el feudo fiel del voto socialista.
Estaba claro de antemano que Montero era una candidata con escasas opciones de mantener un resultado digno. Aunque en honor a la verdad, no se lo han puesto fácil desde Madrid, ni desde cada uno de los ocho territorios andaluces, donde se está en fase de "sálvese quién pueda".
Jaén ya no es el granero de votos del PSOE. Ha dejado de ser la bandera que seguía ondeando firme cuando otras mostraban jirones. Esta provincia poco tiene que ver con aquella de la que hablaban con orgullo, López Carvajal y Zarrías, entre otros, a la hora de contar votos. Ahora es una más que cae ante la fortaleza de la derecha.
El PP no suelta el bastón de mando en nuestra tierra y de nuevo consigue ganar con autoridad a un PSOE, que si bien es conocedor de su situación, no sabe dar con la fórmula que le haga recuperar la confianza perdida. Quizás, como medida inmediata para lograr es objetivo, podrían empezar por dejar de dispararse en el pie.