Mediodía en la provincia de Jaén

José Luis Urgel

Marisú

La opinión de José Luis Urgel


Con la primavera recién estrenada, qué mejor manera sino, que echarse flores encima; y sobre todo a las puertas de Semana Santa, qué mejor sino, que convertirse en María Jesús del Gran Poder, como ya la apodan algunos con un poquito de guasa. Porque ella lo es todo, al menos aún: vicepresidenta primera del Gobierno, ministra de Hacienda, vicesecretaria general del Partido Socialista, secretaria General del PSOE de Andalucía; y desde hace dos días se ha erigido como la mujer con más poder que haya conocido la democracia en España.

Tal vez lleve razón y sea la mujer con más poder que jamás haya conocido nuestra joven democracia –porque Soraya Sáenz de Santamaría nunca fue vicepresidenta única, ministra de Presidencia, portavoz del Gobierno ni siquiera la primera mujer que presidió la Generalitat de Cataluña–, decía, María Jesús Montero es la mujer con más poder y con menos presupuestos. En ocho años ha logrado aprobar la friolera de tres presupuestos, ninguno esta legislatura. Las cuentas públicas son las que reparten el dinero para la sanidad pública, la educación pública, las pensiones, los subsidios, la investigación, las nóminas de los funcionarios, las carreteras y en general para todo aquello que el Estado mantiene. Vaya, el famoso sistema del bienestar del que tanto presumimos. Pero hay que mantenerlo y eso es con dinero, es decir, con los Presupuestos Generales. Pues repito: tres en ocho años.



María Jesús Montero estudió Medicina, pero no se cuelga un fonendo, al menos, desde hace 24 años cuando empezó a encadenar puestos de máxima responsabilidad política en la Junta de Andalucía. Montero es médico, o médica, ya saben, pero en realidad tiene alma de arquitecta. Es quien ha diseñado una financiación a la medida de Cataluña por expreso deseo de Oriol Junqueras y el prófugo Puigdemont. Ojalá tuviera el mismo cariño e interés con sus paisanos que con los presidiarios catalanes.

María Jesús Montero es la más poderosa. Lo es todo. Es también, recuerden, quien se abrió pasos a codazos hasta ponerse junto al Rey el día que el jefe del Estado hablaba ante la prensa tras la tragedia de Adamuz porque en ese momento lo importante no eran las víctimas, ni quien tomaba la palabra, lo importante era que todas las cámaras la grabasen allí, en primerísima fila.

María Jesús Montero es esa señora que habla de sí misma en tercera persona. A esta práctica se le llama ileísmo. Es una cosa antiquísima. Julio César en su relato de la Guerra de las Galias, escribía de sí mismo en tercera persona: “César vengó al público”. Hay quienes asocian esta práctica con un rasgo narcisista para proyectar superioridad, grandiosidad y egocentrismo. Pero no creo que sea el caso de María Jesús Montero, quien asegura ser la mujer más poder que haya conocido la democracia en España.