El actual temporal de viento y lluvia de este invierno es otra gran oportunidad para que, de una vez por todas, pongamos los pies en el suelo y dejemos de jugar a ser 'semidioses', que creemos que lo controlamos todo, cuando deberíamos ser una especie animal más, que reconociera su debilidad e inferioridad ante los fenómenos naturales en la atmósfera de este planeta, al que pusimos de nombre Tierra, y en este entorno al que llamamos Naturaleza.
Lo raro y peligroso no son las borrascas, los huracanes o las crecidas de los ríos, sino que somos nosotros, que construimos, edificamos y urbanizamos donde no se debe, y de la forma que tampoco deberíamos, sin adaptarnos ni darle prioridad a estos fenómenos que no son novedosos, sino que conocemos desde hace siglos. Y todo porque priorizamos la rentabilidad y la comodidad, aunque hagamos el paripé en campañas hipócritas de que la seguridad es lo primero y las vendamos a los cuatro vientos. Nunca mejor dicho.
Ahora volveremos a culpar al clima de los nuevos destrozos ocasionados en nuestros cultivos, casas y otros edificios. Pero a nadie se le ocurrirá ni interesará, incluidos nuestros gobernantes, el pedirles cuentas de ello al que sembró un huerto, plantó un árbol o construyó una vivienda donde corría un arroyo. Ni tampoco decidirá ningún juez o autoridad meter en la cárcel al que levantó una estructura sin tener en cuenta las condiciones meteorológicas más extremas del lugar, aunque con ello haya puesto en peligro la vida, riqueza o medio de subsistencia de miles de personas.
Será más fácil y fariseo condenar una vez más al 'maldito' tiempo que un dios, el demonio, los rojos, los fachas o el sursuncorda bendito nos han enviado por nuestros pecados, faltas, prejuicios, odios, creencias o ideologías, qué más da. Mientras, los culpables de verdad seguirán disfrutando en libertad con el dinero y sacrificios que nos robaron al vendernos algo muy peligroso.
Creemos que nuestros edificios e infraestructuras tienen prioridad sobre esas corrientes de aguas u oxígeno existentes desde el principio de los tiempos, que además nos permiten sobrevivir, aunque no sé, ni nadie lo sabe, por cuánto tiempo más. Ni la máquina o inteligencia artificial más avanzadas. Esa tecnología dirigida por los que no se cortan en aventurarnos la temperatura que hará dentro de 50 o 100 años, tras amenazarnos con que este invierno sería el más cálido y seco de la historia. Para fiarse de ellos y sus 'artilugios'.
A pesar de todo ello, nos seguimos creyendo los 'reyes' de la creación o la evolución, qué más da. Bajemos de una puñetera vez los pies del cielo. Un poquito de humildad, por favor.