Amigas y amigos, últimamente escuchamos palabras complejas, difícil de asimilar,
con significados muy bonitos, pero casi imposibles de recordar. Implementación,
I+D, Resiliente, reverdecimiento, cohesión social, transición ecológica, gobernanza,
co-creación, abogamos por el reto demográfico, nuevos paradigmas,… Siempre que
se habla de futuro y de la provincia, ¡de todo lo que hemos avanzado!, pero cada
cierto tiempo, nos damos de bruces con la realidad: el despoblamiento, pérdida de
talento, y sobre todo la pérdida de oportunidades.
Os cuento la historia de María, una niña, que en otro momento hubiera nacido en un
pueblo de Jaén, Pero por traslado de su padre y madre fuera de la provincia, en busca
de una mejora laboral, nació en otra provincia. Ella, no tiene la jota, ni el “ronquío”
de aquí. La pequeña va cumplir seis años este verano, es una niña feliz, pero no es
giennense. Se puede sentir, puede amar la tierra, pero no vivirá en Jaén. María viene a
visitar a su abuela, unos fines de semana al año, hasta que esta fallezca. Después sólo
viajará a las zonas turísticas y marchará. Puede que no vuelva más, ¿Quién levantará
la provincia?
Qué sencillo sería hacer las cosas bien, sin subterfugios, sin palabras vacuas. Sí,
palabras vacías de significados, de emociones y de entusiasmo. Palabras que nos
guíen a hacer las cosas bien. Palabras que arraiguen a la población. Que no nos
espanten.
En Europa, se habla de la importancia de las zonas rurales, de los pueblos. De la
masificación de las zonas urbanas. ¿Pero, en los últimos años dónde estamos?.
Simplemente abandonamos los pueblos. Se nos caen las lágrimas al partir, y sobre
todo, hay lágrimas en la distancia, en el silencio, cuando faltan los abrazos del niño
nacido lejos. Cae la población, día tras día, como las gotas sordas que apagan el
fuego, el júbilo de nuestros pueblos.
Nuestros abuelos se quedan solos,
nuestros pueblos se abandonan,
los campos en silencio,
silencio, roto las vísperas de fiestas locales, cuatro días al año,
y volviendo la quietud. Después de la celebración. ¿Quien frenará esto? La respuesta
amigo, está en el viento. María, no nació en Jaén. Espero que las próximas Marías
nazcan en Jaén.