Por Los Cañones

María del Mar Shaw Morcillo

Esperando acontecimientos

Me sorprende el seguimiento que fuera de la realidad se hace de simplezas ideológicas sin plasmarse en programas políticos

Los últimos acontecimientos no han podido dejar indiferente a nadie. El cambio político que se avecina en Andalucía dónde la derechización es innegable y su consiguiente reflejo en España no deja de asombrarme. Por no hablar de la primera imputación a un expresidente en democracia en nuestro país que ha caído como un jarro de agua fría no sólo entre su sector ideológico y estamos expectantes a nuevos acontecimientos.

La polarización va quedando patente con la subida de resultados en ambos extremos, más insignificante en la derecha ya más amplia y consolidada e importante para la izquierda, cuando se veía caer en la insignificancia y se conforma ahora con pírricos resultados poco relevantes en la práctica.



Los datos nos traen un panorama difícil de digerir no sólo para el actual presidente nacional y regional sino para quienes nos interesamos por la cosa pública. Durante toda la campaña, el candidato Moreno se refería al posible “lío” que podía suponer en Andalucía tener que realizar pacto para gobernar si no alcanzaba mayoría absoluta. Y el lío llegó. Y lo entiendo, es muy fácil decidir cuando no tienes que dar cuentas a nadie, cuando hagas lo que hagas tienes la certeza de que no es trabajo vano, que tendrá su reflejo parlamentario y legislativo, cuando tus leyes se aprueban sin más que el simple pataleo, cuando tus fallos no van más allá de alguna concentración acallada por una televisión controlada por ti mismo. Pero esa no es la política. La política implica gobernar pero también pactar, hablar, llegar a acuerdos, hacer que tus decisiones sean refrendadas no sólo por tu partido sino por la amplia mayoría a la que te diriges.

Cuando se constituyó el actual Gobierno Central la crítica recurrente fueron los pactos con formaciones legales y legitimas que nos chirrían pero que han sido avaladas por los máximos tribunales de nuestro país después de múltiples denuncias para orillaras, lo que les permite entrar al mismo juego político que el resto de las tradicionales formaciones con todas sus imputaciones pasadas y presentes (y futuras).

En esto venía pensando subiendo (en Jaén siempre se sube o se baja…), en el lío de Bonilla, y por ende el de todas y todos los andaluces, cuando me crucé con un grupo de jóvenes de algún instituto de la ciudad. Despreocupadas, con cara de sueños, andando solos o en grupo detrás de su docente, de todos los colores, con rastas o pañuelos tapando la cabeza, tatuajes o tacones, zapatillas y babuchas. Un grupo cualquiera de cualquier ciudad. Y no pude evitar pensar a quién de esos jóvenes dejará fuera el “sentido común” de quienes aspiran a controlar al gobierno andaluz, no a pactar o formar acuerdos según sus propias manifestaciones. Quizás alguna de las chicas de pañuelo en la cabeza tuvo mejor nota para entrar a ese ciclo que una chica de ocho apellidos nacionales, ¿las expulsaremos a final de este curso? ¿Se pondrá otra puntuación para quienes no puedan probar pureza de sangre? Imagino que en las próximas excursiones quedarán siempre en reserva si las plazas se llenan de nacionales, o el material de las clases comenzará a repartirse no por orden alfabético (que ya se sabe que hay mucho foráneo que comienza por A) sino dividiendo en dos grupos, y si sobra, hay suerte. O quizás haya que poner tres colas en Zara, una para pagar, otra cambios y devoluciones y otra, atendida siempre la última, por quienes tienen un color más oscurito. O para entrar a un concierto, discoteca o piscina. Siempre que no seas futbolista o rico, por supuesto.

Lo que más me sorprende es el seguimiento que fuera de la realidad se hace a estas simplezas ideológicas sin plasmarse en programas políticos, sobre todo en municipios en los que es imposible mantener su boyante economía sin la presencia de moros y negros.

Y cómo no, me pregunto cómo van a tapar y callar los asesinatos de 60 mujeres al año. Quizás dejarán de hacer minutos de silencio y hasta de elaborar estadísticas porque piensan que lo que no se conoce no existe, pero cada día seguirán sucediendo. Andalucía fue punta de lanza en la lucha contra la violencia de género destinando fondos y esfuerzos para atajar un grave problema constatado y no entiendo una autonomía que no llore a sus asesinadas.

La democracia tiene estas cosas, hay que arremangarse y fajarse como el que va a recoger aceituna, buscar acuerdos hasta con el enemigo si con ello se logra un bien para la ciudadanía sin renunciar a tus principios. Aunque siempre nos quedará Marx, Groucho “Estos son mis principios, pero si no le gustan puedo cambiarlos”. Esperamos acontecimientos Sr. Bonilla.