1. Erik tiene razón
Tiene razón del presidente del PP de Jaén, Erik Domínguez, al calificar de “éxito rotundo” la convocatoria de su partido. Miles de jiennenses salieron, en efecto, a las calles, en respuesta al llamamiento del PP y Vox. Es verdad que la manifestación fue un éxito, pero no es verdad que fuera una manifestación en defensa de Ceuta. Es difícil creer que quienes corean‘bote, bote, bote, musulmán el que no bote’ están defendiendo a una ciudad donde más de los 40 por ciento de sus vecinos son musulmanes. También es problemático encuadrar el grito de ‘Sánchez hijo de puta’ en el marco de la defensa cívica de la españolidad de Ceuta.
2. Burda impostura
Como los del resto de España, los manifestantes de la plaza de Santa María estaban allí mucho más en su condición, como diría Mariano Rajoy, de ciudadanos de derechas y mucho de derechas que en la de españoles y mucho españoles. Bote, bote, bote, sanchista el que no vote. Las concentraciones eran, obviamente, contra Sánchez; y lo eran, por cierto, no solo obviamente, sino también legítimamente. Lo que cabe reprocharles no es su rechazo al Gobierno, pues están perfectamente en su derecho a ello, sino la burda impostura de sus promotores sosteniendo que la convocatoria era para defender a Ceuta.
3. El odiado capitán
Es más que dudoso que el PP se gane el afecto de quienes hoy le son desafectos con iniciativas como la convocatoria del miércoles, siendo como era evidente que se trataba de acorralar a un Gobierno que está contra las cuerdas por una cuestión que va mucho más allá de las que habitualmente suelen afectar a cualquier Gobierno, pues estamos ante una crisis de frontera y la frontera es uno de los rasgos que definen una nación y perimetran un Estado. Ante una crisis nacional, la derecha debería tener un comportamiento más patriota, pero sabe que el Gobierno está entre la espada y la pared y que esta es su oportunidad de verlo ensartado de una maldita vez. ¿Obtendrá los réditos que espera? Quién sabe, aunque, en todo caso, odiar al capitán del barco no parece motivo suficiente para propiciar el naufragio de una nave que es de todos.
4. Aguas turbulentas
Mientras, el Gobierno bracea ciegamente, y con no muy buen estilo, en las turbulentas aguas de una crisis que ni supo prever ni, un mes después de estallar, ha conseguido neutralizar. ¿Dice la verdad el presidente al exculpar a Marruecos? Podría ser, pero resulta imposible obviar la sospecha de que quizá no está diciendo la verdad porque decirla supondría enemistarse frontalmente con el país sin cuya colaboración es imposible recuperar la normalidad en Ceuta. Desde luego, si Rabat organizó la ‘invasión’, ha cometido un error garrafal: si las sospechas se confirmaran, sus relaciones con España y con la Unión Europea dejarían de ser las que han venido siendo. Ceuta sería un irreversible punto de inflexión en esas relaciones, que Marruecos necesita que sean buenas; la UE también, pero menos: las necesita menos porque es más rica, muchísimo más rica.
5. Qué es la verdad
¿Dicen la verdad Vox y el PP cuando afirman con tan castiza rotundidad que Marruecos estuvo detrás de la avalancha de julio? Podría ser que la dijeran, ciertamente, pero la razón para sostener tan rotunda aseveración no es tanto porque sea verdadera como porque es útil: útil porque deja mal al Gobierno, útil porque demoniza a Marruecos, útil porque exalta los ánimos… En política, la verdad es solo un periódico de Murcia.
6. Un mes después
Mientras tanto, esta crisis está segando la escasa hierba que al Gobierno le quedaba bajo los pies. Y no sin razón: su único éxito hasta ahora ha sido conseguir que el grueso de quienes entraron salieran en pocos días, pero de poco le ha lucido ese éxito si en las calles de Ceuta siguen pululando varios miles de inmigrantes, ¿cinco mil, siete mil, diez mil?: un mes después el Gobierno no ha logrado contarlos; un mes después tampoco ha logrado explicarnos por qué pasó lo que pasó y quiénes pudieron estar detrás; un mes después no ha conseguido el respaldo claro e inequívoco de sus socios europeos; un mes después no hay noticias de que Marruecos vaya a prestar su colaboración para despejar Ceuta; un mes después, en fin, no hay indicios de que quienes entraron quieran salir, pues no en vano saben que si logran quedarse, pueden tener una oportunidad, pero si regresan, ninguna.