A contracorriente

Alejandro Mas

Saldar viejas deudas

Desde 1985 se han entregado aproximadamente 480 medallas, de las que no más de 40 han ido a manos de personas e instituciones jiennenses

 Saldar viejas deudas

Blas Infante y Francesc Cambó.

Jaén, Teatro Cervantes, enero de 1918. Dos personajes dan un mitin ante un nutrido público. Son dos símbolos de nuestra sempiterna y no resuelta cuestión territorial. Blas Infante y Francesc Cambó, dos figuras opuestas ideológica, social y vitalmente. Uno notario, filo comunista, convencido de la existencia de una nación andaluza siendo un antinacionalista acérrimo, defensor de una cultura popular heredera de un brillante pasado árabe y fusilado por franquistas. El otro, rico burgués, empresario, exministro de Hacienda, catalanista, muy conservador y patrocinador del golpe de Franco. Solo tenían un punto en común: el deseo de poner fin al centralismo. No se registran más visitas a estas tierras de ninguno de los dos. Al calor del final de la Primera Guerra Mundial y la defensa del presidente americano Wilson del derecho a la autodeterminación de los pueblos, los sentimientos nacionales empezaron a organizarse políticamente. Más tarde, hace ahora 95 años, se iniciaba en los albores de la II República un proceso incipiente de debate para la creación de un estatuto andaluz de autonomía. En ese proceso Jaén tuvo una singular participación aportando desgana, cuando no hostilidad, a la idea de una región autónoma. Instituciones prestigiosas en aquel tiempo como la Sociedad de Amigos del País o la Cámara de Comercio se posicionaban en contra con más o menos intensidad (quién iba a imaginar entonces que casi un siglo más tarde existirá un Estatuto Andaluz pero no una Cámara de Comercio). Ni sindicatos ni partidos progresistas en Jaén apoyaban la autonomía. En discursos de políticos jiennenses y en trabajos de ciencia social realizados en esos años se dicen cosas como: “creemos que no existe el hecho diferencial andaluz”; “Jaén no es Andalucía, no es Castilla (…) ni siquiera el Guadalquivir es el mismo (...) en Jaén no se cecea ni se sesea. Singularidades estas, que conforman por tanto un carácter en el habitante serio y razonador, que se aparta de lo corriente en Andalucía”; “por el arte tampoco somos andaluces, ese barroquismo multicolor y mudéjar que es el arte sevillano no ha llegado a Jaén. Con una autosuficiencia que hoy parece fantasiosa decía un maestro nacional, autor de un trabajo sobre la autonomía: Jaén posee una total diferenciación de la Andalucía de pandereta y una sólida economía agrícola mucho más que suficiente para sus necesidades”. Y acusaba a Sevilla de ambicionar la capitalidad de la región para poder pagar las deudas por la Exposición Iberoamericana de 1929. Y como guinda, en la prensa jiennense se afirmaba: Nosotros no sentimos Al Andalus como esa pequeña y extravagante minoría de Sevilla que acaudilla el sabio notario Blas Infante”.

En 1981 en el referéndum para aprobar el primer Estatuto de Autonomía, Jaén también tuvo una participación singular: fue la que menos síes y más noes emitió, aunque lo apoyó de forma contundente. 



Ya en nuestro recién comenzado segundo cuarto del siglo XXI uno podría pensar que nuestro pasado como andaluces renuentes nos ha girado alguna factura. Sin embargo, los estudios sociológicos anuales sobre la identidad andaluza recogen un mayor orgullo y un sentimiento de pertenencia que no tienen una justa contrapartida. En 2025 más del 25% de los andaluces se sentían españoles, pero menos. En Jaén no estaremos aún en ese punto, pero jóvenes y gente de mediana edad parecen estar muy identificados con la realidad andaluza. Hay que animar a la población de esta provincia a que sea más efusiva en demostrar alegría por los avances de nuestra comunidad, aunque nos cojan lejos. Hay que terminar de pagar la deuda de desafección que tenemos y así podremos recibir antes y mejor los réditos por nuestro revigorizado ser andaluz: festejemos la tercera ampliación del tranvía de Sevilla como si fuera nuestra primera línea; brindemos por el mayor hospital público que verá nuestra región y del que se ha puesto la primera piedra en Málaga como si fuera nuestra ciudad sanitaria, con lavandería hospitalaria de primera categoría; congratulémonos más que nadie por la posible sede granadina de la Agencia Estatal de Salud Pública como si fuera un tren puntual y digno llegando a Jaén.  

Este próximo sábado tendrá lugar la 42ª entrega de Medallas de Andalucía. Desde 1985 se han entregado aproximadamente 480 medallas, de las que no más de 40 han ido a manos de personas e instituciones jiennenses (incluidas las dos de Raphael). Sevilla suma más de un centenar duplicando a Cádiz que es segunda, entre ellas las recibidas tanto por sus dos universidades como por sus dos equipos de futbol. Lejos de animar a rebelarse por unas diferencias tan exageradas invito a que nos alegremos de la nómina tan abultada de andaluces del bajo Guadalquivir merecedores del prestigioso premio. No es discriminación centralista, no es agravio comparativo es solo la ley de la gravedad, que se lleva río abajo aceitunas y medallas.

Solo cabría recomendar a los más apasionados amantes de la idea de Andalucía, a los representantes públicos de nuestra comunidad, que también paguen una vieja deuda. Que honren a quien inventó esa idea, a quien le puso letra al himno que tanto se canta en estas fechas y puso el acento en la igualdad entre ciudadanos antes que a un concepto rancio de nacionalismo. Porque otra diferencia entre Cambó e Infante es que uno descansa en un historiado panteón del cementerio de Montjuic de Barcelona y el otro aún espera ser dignamente identificado y enterrado, con sus restos en la fosa común más grande de España en el cementerio de San Fernando de Sevilla.