A poco que escarbemos en la riqueza de nuestro idioma español, rápidamente encontraremos el significado de esta frase. El curioso lector, averiguará que su origen es el duelo medieval en defensa de honores de damas o amigos. Para hoy, me quedo con el sentido de superar obstáculos, más amplio, y que puede significar eliminar las dificultades o estorbos que impiden la ejecución de un propósito.
Desde hace varios años, como miembro de la Asociación de Alumnos Mayores de la UJA (AMAG), participo en una experiencia intergeneracional promovida por las profesoras del grado de Educación Social, Isabel Carmona e Inés Muñoz. Lo que comenzó hace cuatro años como visitas esporádicas de cuatro miembros de AMAG para intercambiar opiniones con jóvenes estudiantes, ha cristalizado hoy en una Práctica Intergeneracional reconocida por la UJA e integrada formalmente en el grado universitario.
En la actualidad, catorce integrantes de nuestra asociación colaboramos con otros tantos grupos de primer curso con un objetivo nítido: visibilizar el edadismo (la discriminación por edad) mediante una investigación común basada en el diálogo. Hablar y, sobre todo, escucharnos; dos verbos de uso exiguo, pero imprescindibles para avanzar hacia una humanidad menos desigual.
Sostengo que ambas generaciones estamos rodeadas de estereotipos que no responden a la realidad, sino a intereses de élites conscientes de que la unión hace la fuerza: cuando la manada se reúne, los leones pasan hambre. Tras más de veinte horas de diálogo, se hace evidente que los marcos de opinión que se nos "venden" son falsos. Género, raza y edad son analizados bajo los roles de la sociedad actual para detectar desigualdades y consensuar soluciones.
Es innegable que la experiencia vital de los llamados boomers —hijos o nietos de conflictos bélicos— difiere de la de los centennials. Sin embargo, me niego a aceptar el estigma de que los jóvenes no quieren trabajar o que su preocupación por la imagen es excesiva (cuando a los mayores se nos recomienda cuidarla a diario por salud mental). Tampoco acepto el discurso machacón que tacha nuestras pensiones de abusivas, ignorando que responden a un modelo de solidaridad generacional: nosotros cotizamos entonces para sostener al Estado de aquel momento, no para "ahorrar" nuestra pensión actual. ¿Acaso quienes pretenden convertir lo público en beneficio privado van a explicarle esto a las nuevas generaciones?
Esta experiencia aporta un beneficio dual: promueve el intercambio de conocimientos, el aprendizaje bidireccional, la inclusión y, fundamentalmente, el mantenimiento de la autoestima y el sentimiento de utilidad del mayor.
Vivimos en una sociedad parca en agradecimientos, pero me resisto a caer en esa desidia. Quiero manifestar públicamente mi gratitud a las profesoras por su constancia hasta lograr un formato digno y académico para esta labor, y especialmente a los estudiantes de Educación Social por su acogida y su voluntad de construir un futuro mejor.