Es sábado por la tarde, en el estadio “Sebastián Barajas” de la capital se dan cita el Atlético de Jaén contra el Real Jaén. La asistencia masiva al encuentro esta repleta de madres, padres, hermanos, novias, amigos y aficionados al futbol. Las gradas no se ven con tanto espectador desde hacía mucho tiempo. Los protagonistas son chicos de 14 y 15 años, categoría cadete, pero con alma de profesionales.
La atmosfera previa que invade al encuentro es de fiesta, de entusiasmo y de nervios a flor de piel.
Me recordaban aquellas viejas películas americanas que se emitían los domingos por la tarde en televisión, donde los chicos luchan por ser campeones de Básquet, o Football americano, mientras las familias entregadas gritaban con fervor, tensión y orgullo, dando animo a sus hijos. Entrelazadas existía una diversidad de historias individuales que trazaban un hilo argumental creando una atmosfera envolvente. Como si de algún modo, todos intuyeran que ese día podía haber un final feliz.
Desde que la liga comenzara en octubre del pasado año, hasta ahora han sido 22 jornadas. Las circunstancias han llevado a jugarse en un partido lo que vale toda una liga. Al Atlético solo le vale ganar. Pues el Tuccitana (Martos) llega como líder, con tan solo un punto de ventaja. Toda la temporada comprimida en noventa minutos.

Será o no un buen partido, pero lo suficientemente intenso como para recordarnos por qué los padres seguimos viendo jugar al futbol a nuestros hijos, cuando ya lo hemos visto todo. Más allá de una final de Champions o de un Mundial, esto es otra cosa. Son nuestros hijos, son sus sueños, son sus ilusiones, compartidas con la familia durante días interminables a lo largo de toda la temporada. Viajes por la provincia, de las botas nuevas que prometían goles, de las derrotas que enseñaron más que cualquier victoria. Veintidós jóvenes, y la sensación que algo irrepetible está sucediendo justo ahora.
Los jugadores del atlético ataviados con su equipación morada y blanca, los del Real Jaén en morado integral, botas de diversos colores y marcas. Saltan al césped, cada cual, con su propio ritual, con diferentes certezas y con cierto temblor inconfesable. Llega el saludo formal. Primero entre ellos, luego hacia la grada, donde estalla un aplauso cálido.
Solo falta el pitido inicial.
En los partidos hay un orden tácito. Se saca la pelota para atrás dando pases controlados marcando el territorio, mostrando una seguridad para que el equipo contrario sepa que estas preparado y has venido a ganar. Los primeros contactos con jugadores para romper el hielo y las primeras faltas para calmar el ánimo.
El primer gol lo marca el Real Jaén en el minuto 13’, demostrando que ellos también quieren ganar el derbi jiennense. Emulando a los grandes equipos de la liga española.
Tras un tiempo de incertidumbre, lógico, hay que reafirmarse en el empeño. Las ordenes desde el banquillo por Luismi son constantes, controlando en cada momento a sus jugadores. El Atlético comienza a enlazar jugadas y los primeros avisos llegando a puerta, es un prólogo del gol que en el minuto 36’ se produce. Los abrazos de los chicos son de una emoción que inunda a las gradas y las gradas responden “…..goooooool….” devolviendo a todos la fe. Un primer gol te paraliza y te hace dudar. El irte al descanso con el 1-1 te permite volver a empezar a soñar.
En cierta ocasión Julio Verne describió “en lugar de hacer caminar a mis personajes, los hice volar”.
Algo parecido sucedió en el descanso, la charla del entrenador hizo huella en los jugadores, y les va hacer volar. Se llega con más facilidad al campo contrario y en más ocasiones. En el minuto 62’ el Atlético marca el 2-1. El campo se viene a bajo literalmente, el griterío ensordecedor de las gradas es brutal.
Por fin se encamina la posible victoria. Todo partido épico tiene su momento de suspense, ese instante que te congela el alma. Y llegó. Un balón del Real Jaén se estrelló en la escuadra de la portería del Atlético. Un aviso. Aún esto no ha terminado.
Hasta que, por fin, en el minuto 95’ el árbitro llevó el silbato a la boca y pitó el final.
El estadio explotó.
Personalmente como padre que tengo a mi hijo en las filas del Atlético, confieso que he vivido algo único. Comienzo a entender la magia del fútbol, que impregna un modo de vivir el deporte de otra forma. Veo como Roberto se funde en un abrazo con su madre, inmóviles, en un instante perfecto, que grabo para el recuerdo. Observo y registro que el gesto es el mismo en todas las familias, abrazos interminables y más abrazos. Lágrimas y sudor. Es alegría pura sin filtros.
La identidad como equipo emerge en las situaciones más complicadas. Y el equipo lo ha demostrado. Todos los jugadores, convocados o no a lo largo de esta temporada han colaborado para ser los campeones de liga.
Miro la lista de nombres y cada uno me evoca una imagen distinta: carreras incansables, celebraciones espontáneas, miradas de concentración, bromas en los entrenamientos. Son una generación de jóvenes vigorosos que han jugado por sí mismos, por sus compañeros y por el Club Atlético de Jaén. Y, de algún modo, también por la ciudad que llevan en el escudo.
Lo que han conseguido hoy no es solo un trofeo. Es un recuerdo que los acompañará toda la vida.
Equipo: Joaquín, Darío, Álvaro, Kiko, Cristian, Manuel, Rodrigo Ruiz, Alberto, Dani, Rodrigo Pliego, Nano, José Palacios, José Luis, Alejandro, Ildefonso, Lorenzo, Pablo, Carlos, Roberto, Valde, Alexander, Ramón y Diego Pardo.
Cuerpo Técnico: Primer entrenador, Luismi Romero. Segundo entrenador, Yayo. Delegado, Sergio Berrios.
Web: atleticojaen.com
Instagram: Atlético Jaén F. C.