Palomos de papel

Manuel Palomo

Feijóo y la oposición de tumbona

Sánchez debe irse, pero yo no pienso moverme

España asiste a un espectáculo político fascinante. Alberto Núñez Feijóo repite casi a diario que Pedro Sánchez es un desastre, que el Gobierno está agotado y que España necesita un cambio urgente. Sin embargo, cuando llega el momento de utilizar la herramienta constitucional diseñada precisamente para sustituir a un gobierno, la respuesta es que no toca.

La explicación oficial es que no hay apoyos suficientes. Y es verdad. Una moción de censura necesita una mayoría absoluta y un candidato alternativo. Pero entonces surge una pregunta incómoda: si Sánchez no tiene apoyos para gobernar con tranquilidad y Feijóo tampoco los tiene para gobernar, ¿dónde está la alternativa?

Más llamativo aún es que nadie tenga muy claro cuál sería el programa de gobierno de Feijóo. ¿Cuál es su modelo económico? ¿El de Montoro? ¿El de Rato? ¿Uno nuevo que permanece cuidadosamente oculto? España lleva años escuchando que hace falta un cambio, pero sigue esperando conocer en qué consiste exactamente.

Mientras tanto, Carlos Cuerpo defiende unos datos económicos que sitúan a España entre las economías que más crecen de Europa. Eso no significa que todo vaya bien: la vivienda, la deuda o los salarios siguen siendo problemas serios. Pero resulta curioso que casi nadie pregunte cómo encajan esos datos con el discurso catastrofista permanente de la oposición.

Y luego está la frase más sorprendente de todas: «No voy a hacer nada que fortalezca a Pedro Sánchez». Si la situación es tan grave como se afirma, parecería lógico utilizar todos los mecanismos constitucionales para intentar cambiar el Gobierno. Pero no. La prioridad parece ser evitar cualquier movimiento que pueda beneficiar al adversario.

Es una estrategia novedosa: la oposición de tumbona. Desde ella se denuncia, se critica, se convocan ruedas de prensa y se anuncian grandes cambios. Pero cuando toca presentar una alternativa concreta, reunir apoyos o explicar un proyecto de país, la tumbona vuelve a resultar extraordinariamente cómoda.

Quizá el problema no sea que Pedro Sánchez sea demasiado fuerte. Quizá el problema sea que nadie ha conseguido demostrar todavía que existe una alternativa capaz de sumar más apoyos que él. Y esa realidad es bastante más incómoda que cualquier eslogan.