La toma de posesión de Juan Latorre como presidente de la Diputación de Jaén bien podría compararse con el envero de la aceituna, ese momento decisivo en el que el fruto inicia su transformación hacia la madurez y en el que se empiezan a determinar la cantidad y la calidad del aceite que acabará llegando a la almazara.
Los expertos del olivar saben que un buen envero depende de muchos factores: el clima, la ubicación del olivar, la poda, el riego y, por supuesto, la capacidad para detectar y combatir las plagas a tiempo. En política ocurre algo parecido.
El clima del nuevo mandato estará marcado por la situación económica, las relaciones institucionales y las expectativas de los municipios de la provincia. La ubicación del olivar ya viene dada: una Diputación con proyectos en marcha, demandas históricas y una provincia que siempre espera más de quien se sienta en el sillón presidencial.
La poda será una de las primeras tareas. Todo olivar necesita eliminar ramas improductivas para concentrar sus esfuerzos en aquello que puede dar fruto. En la gestión pública, esa poda suele traducirse en prioridades claras, eficacia administrativa y menos ruido.
En cuanto al riego, será necesario que los recursos lleguen donde hacen falta. Porque ni el mejor olivo produce sin agua, ni la mejor declaración de intenciones se convierte en realidad sin presupuesto.
Y luego están las plagas. Toda campaña tiene las suyas. Algunas son fáciles de identificar y otras aparecen cuando menos se esperan. De hecho, en este inicio de mandato ya ha hecho acto de presencia una pequeña plaguilla en forma de intervención del portavoz del Partido Popular en la Diputación. Una plaga peculiar, porque ha aparecido cuando el fruto apenas comienza su proceso de maduración.
Lo curioso es que ni la cuadrilla del olivar —formada por gente de aquí y también por quienes llegaron de fuera para trabajar la tierra y conocen perfectamente los tiempos del campo— ha encontrado todavía la necesidad de una poda tan temprana. Sin embargo, la plaguilla ya reclama resultados definitivos cuando apenas se ha iniciado el proceso.
El mandato de Juan Latorre está todavía en fase de envero. El fruto empieza a cambiar, a desarrollarse y a prepararse para dar lo mejor de sí. Queda por ver si el clima acompaña, si la poda es acertada, si el riego llega donde debe y si las plagas quedan en una simple anécdota o terminan ocupando más espacio del que merecen.
Porque en Jaén sabemos bien que el mejor aceite no se juzga cuando la aceituna empieza a cambiar de color. Se juzga cuando llega la cosecha. Y con los gobiernos ocurre exactamente igual: las palabras marcan el comienzo, pero son los resultados los que terminan determinando la calidad de la cosecha.
Manuel Palomo
Palomos de papelEnvero
El mandato de Juan Latorre está todavía en fase de envero. El fruto empieza a cambiar, a desarrollarse y a prepararse para dar lo mejor de sí