Régimen Abierto

Antonio Avendaño

Feijóo, rehén de Sánchez

El líder del PP no es un político que piensa distinto que el presidente, sino un político que se limita a pensar lo contrario que el presidente

Uno. Un Sánchez inverso

Alberto Núñez Feijóo se ha convertido voluntariamente a sí mismo en un rehén de Pedro Sánchez. El líder del PP manifiesta una dependencia extrema del presidente del Gobierno, hasta el punto de mostrarse incapacitado para fijar de manera autónoma una posición propia sobre cualquier cuestión: lo que Feijóo afirma o proclama no parece fruto de un pensamiento político original, medianamente meditado y con peso por sí mismo; sus propuestas, sus posiciones, sus promesas parecen ideadas por un Sánchez inverso.



Dos. Cadena de desmentidos

Feijóo se propone ganar las elecciones operando en la escena pública como un mero anti Sánchez: no como un político que piensa distinto que el presidente, sino como un político que piensa, que se limita a pensar lo contrario que el presidente, naturalmente solo después de que el presidente haya dicho lo que piensa. El líder gallego no tiene empacho en desmentirse a sí mismo siempre que tales desmentidos se ajusten al objetivo estratégico de sostener lo contrario de lo sostenido por Sánchez. Feijóo está en contra de la regularización de inmigrantes porque Sánchez está a favor de ella, del mismo modo que es favorable a Donald Trump porque Sánchez es contrario a él. Sin duda tendrá otras razones para rechazar la regularización o simpatizar con las guerras de Trump, pero todas ellas operan colateralmente, quedan en segundo plano, en la sombra, devoradas por el potentísimo foco de la obsesión antisanchista del presidente del PP.

Tres. De esta agua no beberé

Los estrategas del PP han decidido llevar hasta la extravagancia la máxima política de ‘al enemigo, ni agua’: si el ‘Perro’ sale a escena bebiendo un vaso de agua y elogiando lo fresquita que está y lo bien que quita la sed, Feijóo es capaz de comprometerse solemnemente a no probarla jamás.

Seguramente esa paranoia persecutoria del Partido Popular está dando sus frutos y erosionando la imagen de Sánchez, pero tiene el inconveniente no menor de empequeñecer la imagen del propio Feijóo, que aparece ante los suyos como un prisionero obsesionado con su carcelero, un hombre sin ideas propias, pues todas las que tiene son simplemente lo contrario de las expuestas antes por Sánchez.

Cuatro. Un líder inseguro

Ese papel de némesis de Sánchez que Feijóo viene desempeñando desde que preside el PP revela sus limitaciones como líder. Su dependencia de Sánchez proyecta la imagen de un Feijóo profundamente inseguro de sí mismo, con el agravante de que, en un líder, la inseguridad se huele de lejos, de muy lejos. Feijóo tiene entre los votantes del PP una valoración sensiblemente más baja que Isabel Díaz Ayuso porque perciben en él debilidad, inseguridad, incoherencia, falta de personalidad.

Cinco. La transfiguración

Ahora bien, eso no significa que los simpatizantes del PP vayan a dejar de votarlo cuando llegue el momento. Es más: ni siquiera significa que, llegado el caso, Feijóo vaya a ser necesariamente un mal presidente del Gobierno. Las debilidades de hoy bien podrían tornarse mañana en fortalezas, pues cuando los políticos llegan a presidentes acostumbran a transfigurarse, generalmente para mal pero en ocasiones, en contadas ocasiones, para bien. Y parece claro, según todas las encuestas, que si hoy hubiera elecciones el PP y Vox sumarían una mayoría absoluta más que holgada.

Seis. Repetitivo y gritón. Apocado y medroso

Sin embargo, el PP no debería quedarse en esa aritmética y mirar un poco más lejos, pues cuanto más débil sea Feijóo más fuerte será Abascal. Puede que Vox haya frenado su ascenso, como sugieren algunos sondeos, pero ha logrado, con la ayuda inestimable del propio interesado, que Feijóo aparezca ante el electorado conservador como un líder errático, disperso, inseguro, sin impronta propia: no solo se opone a todo lo que dice Sánchez porque es Sánchez quien lo dice, es que nunca se opone abiertamente a lo que dice Abascal por la misma razón, por ser Abascal quien lo dice. Con Sánchez se muestra repetitivo y gritón; con Abascal, apocado y medroso.