Régimen Abierto

Antonio Avendaño

La silla vacía del PSOE andaluz

El PSOE de Montero lleva un lustro sin comandante en jefe: la federación del sur es hoy un ejército no en desbandada, pero sí desmoralizado

Uno. El día después

En el Partido Socialista nadie lo dice pero todos lo piensan y ni uno solo deja de preguntárselo: ¿qué hacer el 18-M? Si las encuestas aciertan, y nada hasta ahora indica que no vayan a hacerlo, el batacazo será histórico. Tan histórico que, incluso en el caso de mejorar ligeramente la pésima marca de 30 escaños de 2022, seguramente dejará inhabilitada a María Jesús Montero como lideresa capaz de sacar al partido del pozo. Si estas elecciones fueran la Liga de fútbol, el PSOE, aun quedando subcampeón, dejaría en sus seguidores la amarga sensación de estar agonizando en los puestos de descenso de categoría.



Dos. Los votos

Para los socialistas andaluces la cita electoral del 17-M será la crónica de una derrota anunciada. Tras el arranque oficial de la campaña este Primero de Mayo, María Jesús Montero y su equipo tienen apenas 15 días para hacer menos letal, menos severa, menos dolorosa una derrota por lo demás irremediable. ¿Derrotismo? No, más bien demoscopia, más bien ciencia, más bien sentido común. El último barómetro preelectoral del CIS dirigido por el sociólogo socialista José Félix Tezanos –cuya condición de científico se ha dejado, por desgracia, devorar por su condición de militante– no deja resquicios a la esperanza: el PP suma un 43,6 por ciento de los votos frente al 25,8 del PSOE y el 10,3 por ciento de Vox. Los populares repiten el éxito de 2022, los socialistas apenas mejoran el 24 por ciento de hace cuatro años y Vox cae tres puntos que podrían quitarle alguno de los 14 diputados logrados hace cuatro años. Montero y los suyos tienen 15 días 15 para rectificar a la ciencia.

Tres. El dilema

Dilema de la izquierda ante el 17-M: ¿cuál es mayor mal, que Juan Manuel Moreno revalide su mayoría absoluta, dando así continuidad a su apuesta sigilosa pero decidida por la sanidad y la enseñanza privadas frente a las públicas, o que quede en manos de Vox, lo cual sería malo para los andaluces y para el propio Moreno pero quizá bueno para Sánchez y para los españoles de izquierdas, que, espoleados por el miedo a la ultraderecha, se lanzarían a votar en 2027, como ya lo hicieron en 2023? 

Cuatro. La sartén

Los atractivos de que tras el 17-M Vox tenga en Andalucía la sartén por el mango, como ya la tiene en Extremadura, Aragón y Castilla, son muchos para cualquier andaluz en su condición de votante de izquierdas, pero sus perjuicios son aún más para ese mismo andaluz en su condición de ciudadano cabalmente democrático que no desea ver cómo en su tierra las huestes de Vox arrasan derechos, promueven bulos, niegan machismos o excluyen a inmigrantes. Si el 17-M Vox  resulta decisivo en Andalucía, una de las ventajas de dicho escenario desde el punto de vista del partidismo de izquierdas será que Moreno aceptará el trágala ultra de la ‘prioridad nacional’, de modo que le será muy difícil preservar la imagen de moderación ideológica y transversalidad guay que hasta ahora ha venido siendo su tarjeta de presentación y el principal activo de su imagen pública y de su bagaje electoral.

Cinco. La desidia

Mientras, en el Ferraz de Pedro Sánchez nunca fue una prioridad, y mucho menos una urgencia, la revitalización de unas federaciones territoriales sin autonomía orgánica ni confianza en sus propias capacidades. A la vista de su desidia, se diría que en la dirección federal nunca han creído realmente que el partido pudiera remontar en Andalucía, no remontar en el sentido de disputarle la victoria al PP sino meramente en el de recuperar la capacidad misma de disputársela, esa capacidad que el partido perdió en 2022 con los pésimos resultados cosechados –más bien, sufridos– por Juan Espadas.

Y seis. La tropa

Ciertamente, Espadas no era el comandante idóneo para librar aquella batalla, pero es que tampoco el ejército que le tocó dirigir estaba precisamente en su mejor momento. Ni lo estaba ni lo está: si algo cabe reprochar a los estrategas socialistas es que durante los últimos cuatro años han dejado a la federación andaluza a la intemperie, como pollo sin cabeza; ni Juan Espadas ejerció –ni estaba condiciones de ejercer– el liderazgo del partido ni María Jesús Montero se ocupó de hacerlo ni antes ni después de verse forzada a asumir la secretaría general del partido. El PSOE-A lleva un lustro con la silla del líder vacía, y ese vacío se paga, y se paga además a un altísimo precio pues, mientras no se demuestre lo contrario, a lo que más se parece un partido político es a un ejército, y un ejército sin comandante en jefe ni es ejército ni es nada.