Tribuna

Ana María Quílez, presidenta de APROMPSI

ÓBITO | Dulce Pérez Tudela (persona con discapacidad intelectual)

95 años de vida plena y ejemplo de envejecimiento activo

Hoy despedimos a Dulce Pérez Tudela, una mujer que durante casi cuatro décadas se convirtió en símbolo de lo que los apoyos adecuados y el respeto a la autonomía pueden lograr. Llegó a APROMPSI en 1986, en plena desinstitucionalización psiquiátrica, y encontró un hogar, una familia, un lugar donde recibir los apoyos que necesitaba para vivir con dignidad, participación y propósito.

Dulce vivió primero en nuestro piso tutelado de la calle La Luna y más tarde en la residencia de La Yuca, donde abrazó el concepto de envejecimiento activo como quien vive cada día con intensidad, decisión y alegría. Allí no solo disfrutó de cuidados de calidad: decidió, participó, socializó y mantuvo su autonomía hasta el último día. Su vida demuestra que la edad y la discapacidad no son sinónimos de resignación, sino de oportunidades bien acompañadas.

Su partida, a los 95 años, nos deja un sentimiento agridulce. No tenía familiares cercanos, porque su familia siempre fue APROMPSI, y hoy se ha ido de la mano de una persona que la acompañó con amor y dedicación durante todos estos años. Esto nos recuerda que la familia se construye también con vínculos elegidos, con personas que caminan a tu lado, y que la vida se mide no solo por los años, sino por la calidad de los vínculos y la plenitud vivida.



Las estadísticas muestran que las personas con discapacidad intelectual viven, de media, entre 10 y 20 años menos que la población general. Dulce no solo rompió esa estadística: vivió con plenitud, con propósito, y nos enseñó que la longevidad también puede ser sinónimo de calidad de vida.

Hoy sentimos tristeza por su partida, pero también un profundo orgullo. Dulce nos deja un legado: la certeza de que un envejecimiento activo, con apoyos adecuados y con el respeto a la autonomía, transforma vidas. Nos recuerda que cada persona merece decidir, disfrutar y sentirse parte activa de la sociedad, sin importar su edad ni su condición.

Gracias, Dulce, por tu ejemplo, tu fuerza y tu alegría. Gracias por mostrarnos, cada día, que vivir plenamente es posible. Siempre serás la abuelita de APROMPSI, y siempre serás un faro para quienes seguimos creyendo que la vida de las personas con discapacidad intelectual merece celebrarse y respetarse, en todas sus etapas.