El bar de la esquina

Antonio Reyes

O democracia o capitalismo

El capitalismo es el motivo de todos nuestros males y es incompatible con la democracia. Ea, ya lo he dicho.

En verdad os digo que cada día me lo ponéis más difícil. Con los años he aprendido a contenerme, a levantar un muro que me aleje de esas personas que no solo no aportan nada, sino que, para sorpresa de nadie, vierten su bilis contra todo lo que se menea. De esta gente hay en todos los sectores y grupos sociales, dando lecciones de vida hasta que alguien levanta la mano y les hace alguna pregunta comprometida o mínimamente compleja. Es entonces cuando empieza a salirles humo por las orejas y explotan al grito o lema cuñadista de turno. Venga, que os regalo otra nueva reflexión filosófica que espero os sirva en vuestro día a día, en esa lucha interminable contra mentes vacías. Al turrón, pues.

El capitalismo es el motivo de todos nuestros males y es incompatible con la democracia. Ea, ya lo he dicho. El precio que se le paga a los agricultores por sus alimentos, la contaminación terrible que sufre el planeta, el cambio climático, las largas listas de espera, el aumento de la educación privada en detrimento de la pública, que nos gastemos lo que no tenemos es cosas que no necesitamos, que acceder a una vivienda digna sea un imposible real, las guerras inventadas donde mueren miles de personas sin castigo a sus asesinos, el desprecio hacia África y cómo se esquilman sus recursos naturales sin que repercuta en beneficio de su población, especies invasoras en países como el nuestro donde nunca han existido y que están dañando los ecosistemas locales, los incendios de cada verano, los desiertos en que se han convertido los centros de muchas ciudades, el abandono de las personas más necesitadas, el peligro en el que se encuentra en Estado del Bienestar… Y así podría seguir hasta completas varias páginas. Es todo lo que criticas cuando sale en las noticias y por lo que jamás has movido un dedo, vaya. Además, votas a quienes promueven políticas que abonan el terreno de estas desigualdades. El capitalismo odia la democracia porque las leyes y normas que se crean para que no existan abusos hacia los trabajadores y evitar que campen a sus anchas, bloquean esa «libertad» que tanto piden para hacer lo que quieran, de ahí que se desgañiten inventando mentiras para seguir eliminando derechos conquistados. Ah, se se me olvida la más importante: habernos convencido de que todo esto no es culpa del capitalismo. Resumiendo, que el capitalismo hará todo lo posible para que la democracia les impida ser asquerosamente ricos a costa de quien sea, aunque eso suponga la reducción de derechos públicos.  

Estas son las consecuencias de haber abrazado este sistema que devora al mundo sin que uno solo de nosotros hagamos nada. Al contrario, le hemos abierto nuestros brazos porque nos convencieron de que lo mejor para todos es que derrochemos un dinero que no tenemos comprando y comprando sin atender las consecuencias catastróficas que este consumo desorbitado y bestial produce. Y, claro, que alguien venga y nos ponga ante el espejo de nuestros propios actos, pues no es plato de buen gusto para nadie, ¿verdad? El capitalismo nos necesita como cómplices para existir, así que no mires para otro lado, que tú también eres parte del problema. Es aquí cuando aparece la típica estupidez de «yo solo no puedo hacer nada». Hombre, José Luis, claro que no, pero al menos deberías intentarlo, que es ahí donde reside el problema. Te excusas en este tópico porque no quieres hacer nada, punto. Moverse, actuar, supone rechazar ciertas comodidades creadas para que nos gastemos la pasta y por ahí sí que no.



El capitalismo tenía un gran enemigo al que consiguió eliminar con facilidad, gracias a la lobotomía que nos practicaron a todos: la democracia. Son dos conceptos incapaces de convivir. La democracia busca participación ciudadana, que interfiramos en malas decisiones políticas, luchar por la justicia social o por un equilibrio donde nadie se quede atrás. Pero esto, queridos amiguetes, son palos en las ruedas para el capitalismo. ¿Quiénes somos nosotros para pedir precios justos para los alimentos, querer tener una vivienda o que nadie mercadee con nuestra salud? A ver si ahora va a resultar que no queremos que nos traten como mercancía. Es aquí donde entran en juego las políticas de cada país, cada región, cada ayuntamiento y, sobre todo, la no política. Porque no actuar o no querer hacer nada, también es política.

Unos son amantes del capitalismo porque quieren ser tan ricos como ellos o disfrutar de sus beneficios legislando a sus órdenes. Otros, de los que se suele esperar que hagan algo, cuando les toca, dan largas a la población con mil y una excusas. Y así nos va. Es que la lista de la compra, es que mira los precios de los pisos, es que la gasolina está carísima, es que… es que… es que… Mientras tanto, mil pavos en un móvil, otros tantos en ropa porque tenemos que ir a la última, diez canales de televisión en casa para no ver nada, a la pelu cada semana… Y todos estos gastos con la convicción de que estamos haciendo lo correcto. Añadamos a la lista la puñetera manía de pedir gilipolleces por internet y devolverlas después porque no nos convencen, dejando detrás de nuestras acciones una huella ecológica que acabará con nosotros.

¿Qué nos pasa? ¿Por qué no queremos comprender que somos nosotros el problema? Pues no. Seguimos creyendo que es la inmigración, las hordas que nos invaden, los comunistas, los rojos, los perroflautas, quienes nos han traído hasta aquí. Ante tanto y tanto iluminado de bar es imposible luchar. Ya he dicho por aquí que bajé los brazos hace tiempo y no quiero hacer ningún esfuerzo en debatir con nadie de esta calaña, porque ni van a cambiar ni lo quieren hacer. Además, cuesta la misma vida hablar con mentes vacías y simples (cucha nene, el erudito).  

En más de una ocasión he confesado con amigos que me retuerce las tripas que el voto de este tipo de personas, que ni se interesan por nada, ni luchan por nada, ni muestran empatía por nadie, valga lo mismo que el mío. Yo, que me hierve la sesera ante casa despropósito del capitalismo y de ciertas políticas que asesinan a quien haga falta en nombre del poder y del dinero, vivo en un eterno conflicto conmigo mismo para no acercarme a menos de dos kilómetros de estos seres irracionales.

Es imposible luchar contra molinos cuando quienes son cómplices del capitalismo son también sus víctimas y no lo quieren ver ni confirmar. Pues, nada, adelante. Yo me bajé hace tiempo del carro y no me va mal. He limpiado la era muchas veces y las que me quedan. No sé si será la edad o el asco, pero soltar lastre me está sentando muy bien.

No quiero estar cerca de quien es cómplice de lo que critica y vota. Soy consciente de que igual mañana me quedaré solo, pero también que es la única forma de que tenga más espacio a mi alrededor para moverme con verdadera libertad a la hora de hacer mis aspavientos y solar mis cuñadeces de maestro del alambre. Por cierto, yo sí creo que cada persona por sí misma puede hacer mucho.