Sobre nuestras piedras lunares

Manuel Montejo

Cuando la política deja de hablar de Jaén

Una cosa es confrontar y otra convertir cada asunto local en una extensión de una guerra que ni empezó aquí ni se resolverá aquí

Hace algo más de un año, escribí por aquí sobre el proyecto del edificio de Correos y el supuesto hotel que iba a alojarse en nuestro actual Ayuntamiento. Escribí sobre el proyecto en sí. Sobre el dinero público. Sobre prioridades. Sobre si tiene sentido o no dedicar millones a una operación de este tipo en una ciudad como la nuestra.

No volveré hoy a eso.



Porque estos días, viendo el espectáculo que han protagonizado gobierno y oposición, PSOE y PP, me he dado cuenta de que el problema ya no es ni Correos ni el Ayuntamiento. El problema es algo mucho más triste. Más preocupante.

He leído declaraciones, acusaciones, respuestas, ruedas de prensa. He visto titulares que podrían haberse publicado igual cambiando Jaén por cualquier capital española. He visto marcos nacionales, gestos reconocibles, posiciones de partido. Y entonces pensé algo incómodo. Aquí ya nadie estaba hablando de Jaén.

No quiero hacer de esto un artículo contra Julio Millán ni contra Agustín González. De hecho, quiero hacer justo lo contrario. Porque sospecho que el problema no son ellos. O al menos no sólo ellos.

Creo que esto es el resultado natural de una forma de hacer política que ha ido convirtiendo las ciudades en delegaciones emocionales de Madrid. Los partidos necesitan disciplina. Necesitan relato. Necesitan demostrar alineamiento. Necesitan que se note quién está con quién.

Y poco a poco los dirigentes locales dejan de competir por traer inversiones, proyectos o acuerdos y empiezan a competir por demostrar que son los alumnos aventajados. Los que no molestan. Los que entienden el mensaje. Los que libran la batalla que toca esa semana. Porque esos son precisamente los que hacen carrera.

El problema es que Jaén no hace carrera. Jaén sigue donde estaba.

No digo que no haya que confrontar. La política consiste precisamente en discutir prioridades. El alcalde tiene derecho a defender sus proyectos. La oposición tiene obligación de fiscalizarlos.

Pero una cosa es confrontar y otra convertir cada asunto local en una extensión de una guerra que ni empezó aquí ni se resolverá aquí. Porque entonces dejamos de preguntarnos si Correos es una buena idea. Y empezamos a preguntarnos quién ganó el titular.

Dejamos de hablar de costes, oportunidades, ciudad y prioridades. Y empezamos a hablar de quién llamó a quién, quién estuvo más duro y quién consiguió más ruido. Y una ciudad como Jaén no puede permitirse eso. No porque esté prohibido discutir. Sino porque llevamos demasiado tiempo necesitando algo más que discusión.

Necesitamos dirigentes capaces de decirle a sus partidos: “esto aquí no toca”. Necesitamos representantes que estén dispuestos a perder puntos dentro del aparato si eso significa ganar algo para la ciudad. Necesitamos menos carrera política y más riesgo político.

Porque una ciudad empieza a estancarse cuando sus dirigentes dejan de competir por proyectos y empiezan a competir por relatos. Y quizá lo más triste de todo es que tengo la sensación de que ni siquiera lo hacemos por maldad. Simplemente nos hemos acostumbrado. Nos hemos acostumbrado a pensar que esto es la política.

Pero no. Esto no es política. Esto es otra cosa, precisamente lo que menos ayuda hoy a Jaén y a los jiennenses.

Y aquí sí permitidme hablaros directamente. A Julio. A Agustín. Y a cualquiera que mañana ocupe vuestro sitio.

No sigáis por ahí. No os lo digo desde fuera ni desde una supuesta superioridad moral. Os lo digo precisamente porque entiendo cómo funciona esto. Porque sé que el partido aprieta. Porque sé que la carrera política existe. Porque sé que muchas veces parece más rentable no salirse del guion. Pero no hagáis esto por nosotros, por Jaén.

No estéis así hasta mayo de 2027. No convirtáis cada decisión municipal en una prueba de fidelidad. No aceptéis que vuestro trabajo sea reproducir aquí las peleas de otros, ni de Sánchez ni de Feijóo. No; ya está bien.

Jaén necesita otra cosa. Y no, no os pido que os deis la mano ni que dejéis de discrepar. Os pido algo más difícil. Que cuando os llegue la consigna de turno, que siempre llega, os preguntéis si sirve para Jaén. Que cuando un superior, un asesor o un jefe de comunicación os ponga por delante una nueva oportunidad de desgaste político os preguntéis si merece perder una oportunidad para la ciudad. Que alguna vez os permitáis decepcionar a vuestro jefe para no decepcionar a vuestra ciudad.

Porque si sólo queréis seguir ahí, adelante. Para eso este juego funciona perfectamente. Pero si queréis que dentro de diez años alguien recuerde vuestra etapa por algo más que por quién ganó una rueda de prensa, tendréis que hacer algo mucho más incómodo.

Representar a Jaén antes que a vuestro partido. Y volver a hacer política. Porque eso sí será recordado: seréis alguien diferente que puso por delante a quienes lo votaron en lugar de a quienes lo pusieron en la papeleta.