Soy un amante del invierno, de la lluvia, la nieve y el viento; quien me conoce bien sabe cuánto. Pero cuando llega la época invernal a Jaén comienzan mis pesadillas. Creo que nos sucede a todos los ciudadanos de Jaén en general, pero especialmente a los que vivimos en San Juan. Los callejones que descienden de las faldas del castillo hacia Almendros Aguilar son los especialmente afectados por la dejadez, el abandono y, cómo no, el clima. No hay año que no haya sorpresas "varias" en esta zona y este no ha sido menos.
El peso del olvido
Hasta principios del siglo XX el barrio de San Juan fue el refugio de quienes solo poseían sus manos para trabajar. Un núcleo de resistencia en tiempos de guerra, erigido entre callejones estrechos, cuevas y corrales a las faldas del Cerro de Santa Catalina. Allí se tejía una solidaridad nacida de la necesidad más absoluta. Mientras el hambre de la posguerra golpeaba con saña, los vecinos ideaban remedios ingeniosos contra la pobreza, como el llamado "derecho de vuelo". Bajo este término técnico se escondía la práctica de vender o comprar espacios aéreos al colindante, convirtiendo las casas en laberintos donde las fachadas se fundían sin saber dónde terminaba una propiedad y empezaba la otra. Cosas del viejo Jaén.
Si conozco bien este barrio de fachadas blancas y sillas en la puerta es gracias a las fotos antiguas, a mí experiencia de vida estos últimos 30 años y a los recuerdos de muchos. Un barrio de emigrantes, muchos de ellos de su propia ciudad. Jaén creció rápido y se fue hacia el Polígono del Valle, Fuentezuelas o el Gran Eje. Fue entonces cuando el abandono del casco antiguo dejó de ser casual para volverse sistemático: se vendió la modernidad del asfalto y el bloque de pisos mientras el corazón histórico decaía lentamente.
Esta despoblación se explicaba, en parte, por la realidad de las familias: cuando los padres morían, los hijos renegaban de unas viviendas que se convertían en herencias envenenadas. Muchos, que seguían siendo personas humildes, no podían afrontar el coste de mantenerlas ni lograban venderlas en un entorno de tan difícil acceso y en tan malas condiciones. Al final, terminaban cortando el nexo con un barrio y unas viviendas, que poco a poco, pasaban a dar una nueva imagen de dejadez y olvido.
Cruda realidad
Aunque resulta duro participar en el movimiento vecinal, siento orgullo al ver que en los últimos años ha germinado un interés especial por el barrio. Definitivamente, hay compromiso vecinal. Hay personas que se dejan la piel por estas calles, pero es un esfuerzo insuficiente ante la magnitud del desastre institucional. El compromiso de la gente no puede sustituir la falta de inversión y, llegados a este punto, algunos caemos en la misma desidia que tanto tiempo enfrentamos, sin vistas a un futuro, donde la mejor alternativa parece ser huir en busca de un destino mejor. Por más que duela. Si es que puedes...
Cuesta entender cómo, habiendo salido de este barrio políticos que lo sienten como símbolo de pertenencia, la realidad de las calles sigue siendo la misma década tras década. Quizás el motivo no sea la falta de voluntad, pues no pretendo ni mucho menos criticar su labor; soy consciente de que las cosas de palacio van despacio y que todo es muy complicado, especialmente con la situación financiera del Ayuntamiento. Pero sí cabe preguntarse si el problema de San Juan ha llegado a un punto de tal gravedad que la administración ya no tiene herramientas para atajarlo, y si el sistema municipal está definitivamente agotado.
Lo cierto es que, tras décadas de pujanza, el Ayuntamiento eligió sus prioridades: expansión, enredo y quiebra económica. La zona alta nunca estuvo en esa lista. El resultado es el que vemos hoy: una zona que ha pasado de la pobreza digna de los corrales a la cruda exclusión de la infravivienda y los fondos buitre.
Siempre he escuchado a la gente decir que, al gobernar el mismo partido en Jaén y en la Junta o en el Estado, las inversiones por fin fluirían, pero se ha demostrado que no es así. Y ante esto, un Consistorio sin recursos, completamente inoperativo para dar solución a los problemas, no solo del barrio, sino prácticamente de la ciudad; a expensas de una ayuda del Estado o la Junta de Andalucía que ni están, ni se les espera por y para los jiennenses.