En estos tiempos convulsos de indiferencia y ultraindividualismo resulta chocante hablar de solidaridad. Pero yo hoy quiero hablar de eso, de la solidaridad de personas anónimas de nuestra provincia que se mueven para mejorar la vida de los otros sin esperar nada a cambio. Sé que todos conocemos las ONGs vinculadas a la iglesia, como Cáritas o Manos Unidas. Al fin y al cabo en cada uno de nuestros pueblos hay al menos una iglesia, y esa iglesia es una sede.
Yo hoy quiero hablar de otras dos ONGs no confesionales con fines muy concretos, y de la importancia de las personas que las forman. La primera es Quesada Solidaria, una ONG de ayuda al desarrollo con la que colaboré hace años gracias a que el gran Pepe Román me pidió un día colaborar llevando a Jaén material escolar de los centros escolares de la Loma y la Sierra de Cazorla. Esta ONG nació en 2002 gracias al cirujano Basilio Dueñas, que un día descubrió que en Guatemala había una ciudad que se llamaba como su pueblo, Quesada, donde reinaba la pobreza más absoluta. Y decidió hacer una ONG que tuvo dos vertientes: la sanitaria, a manos suyas y de Paco Vico, que pasaban, junto a otros, sus vacaciones haciendo operaciones en Guatemala; y la educativa, a manos de Pepe Román, a través de la que enviábamos material escolar a Quesada (Guatemala) y a San Rafael del Norte (Nicaragua). Hoy anda más centrada en el tema sanitario.
La otra ONG es más nueva. Tiene apenas 6 meses y todavía anda con el papeleo para ser reconocida como ONG. La conocí por uno de sus fundadores, José Laso, el alma del museo Alma Serrana, de Los Anchos. José Laso conoció la existencia de los talibés, niños que malviven pidiendo dinero en las calles, confiados por sus padres a un maestro coránico para recibir educación religiosa en daaras (escuelas coránicas) que explotan a estos niños mandándolos a mendigar por las calles de la ciudad de Rufisque, para poder pagar su manutención. Junto a un amigo decidió viajar a Senegal y acabaron fundando una asociación, Les Enfants du soleil, cuyo presidente, el senegalés Sidi Fall, anda por Orcera y busca vivir a caballo entre Orcera y Dakar. La ONG mantiene ya un centro donde recoger a esos niños para darles manutención, educación y juegos, gracias a los voluntarios, sacándolos así de las calles; y prepara el envío de su primer contenedor con material.