La tirilla

Santiago Donaire

No, todo no es una mierda

Todos somos iguales en derechos y libertades, sin distinción de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política, origen nacional o posición económica

El «todo es una mierda» es una táctica política que da resultados. Lo vimos en las elecciones de Estados Unidos, en las de Argentina y ahora la están poniendo en práctica en España. La derecha —ya no hago distinción entre sus siglas, pues actúan como una sola fuerza— hace lo imposible por hacernos creer que este país es un pozo de corrupción. Intentan dibujar un desastre donde los servicios públicos no funcionan, cuestionando incluso la buena marcha de la economía o los magníficos datos de empleo. Todos a una, bajo el lema de «el que pueda hacer, que haga», se han lanzado a lo único que se les da bien: emponzoñar la convivencia.

Mientras la izquierda lucha contra la desigualdad, la miseria, la homofobia, el racismo, el desempleo, el machismo y para que la gente viva mejor, la derecha solo parece tener un objetivo: acabar con la izquierda. Carecen de un modelo energético, medioambiental, laboral o de política internacional que vaya más allá de la subordinación a los intereses de los más poderosos. Con derrocar a Pedro Sánchez les basta.



Si la estrategia quedara solo en manos de los políticos —en Feijóo, Ayuso, Abascal o en el "suavico"— no nos preocuparía tanto. El problema es que con ellos camina la mayoría de los medios de comunicación (de intoxicación, mejor dicho), además de un sector de la judicatura y algunos miembros significativos de las fuerzas del orden. Eso es lo que nos mantiene en máxima alerta.

En cuanto a los corruptos, que caiga sobre ellos toda la fuerza de la ley en cuanto se demuestre su culpabilidad. Pero no olviden que la justicia debe ser igual para todos. Venimos de ver cómo la policía patriótica creó pruebas falsas contra Podemos o el independentismo catalán, mientras la Audiencia Nacional se mostraba incapaz de descubrir quién era el tal "M. Rajoy". En cambio, no dudan en identificar al "Zorro" en la causa abierta contra el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.

Recordando esa máxima de que todos somos iguales ante la ley, resulta escandaloso el trato al entorno de la presidenta madrileña, cuyo novio admitió haber defraudado a Hacienda: para ellos no hay intervención de teléfonos, ni de cuentas, ni registros en su ático dúplex. Lo mismo ocurre con la pasividad ante las graves acusaciones contra el exministro de Hacienda, nuestro paisano Montoro. Es intolerable que, existiendo sospechas firmes de haber usado el BOE y su despacho para beneficiar a clientes y a su propio bolsillo, siga tan tranquilo sin que nadie lo investigue.

Sé el daño que la corrupción causa en el electorado de izquierdas; no podría ser de otra forma porque no somos iguales. Pero el desafío actual va más allá. Ya no les basta con echar al Gobierno: quieren desmantelar al PSOE y erradicar a la izquierda en general. Habrá que decirles bien alto que de las urnas salen los gobiernos, que eso es lo que se vota, pero que los principios y los valores no entran en las papeletas; eso no se puede derogar.

Salgan los resultados que salgan, seguiremos defendiendo que todos somos iguales en derechos y libertades, sin distinción de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política, origen nacional o posición económica. Nos sentimos orgullosos de ser de izquierdas. De ser rojos.

Salud.